Análisis del ámbito laboral en las mujeres: Una perspectiva feminista.

SOCIOLOGÍA DE GÉNERO


La sociología no se ha interesado por las desigualdades laborales entre hombres y mujeres hasta mediados de los años 60. El objeto de estudio de esta ciencia en el ámbito laboral  se centraba en el varón/obrero industrial del modelo fordista.

Entre los años 1960 y 1970 comienza un cambio de paradigma en cuanto al objeto de estudio, introduciéndose la perspectiva de género. Estos primeros estudios feministas fueron muy importantes para remarcar la necesidad de comprender el mercado laboral en su plenitud, entendiendo que las relaciones laborales son sexuadas y que para comprender la reproducción social es necesario estudiar todas las dimensiones que forman parte de él (no solo la esfera del trabajo).


CONCEPTOS FUNDAMENTALES: LA RUPTURA DE LA EXPLICACIÓN BIOLOGICISTA.

En este caso, desde las ciencias sociales, es la antropología la pionera en el estudio de las formas de división sexual del trabajo. De esta manera, surgen las primeras rupturas con la explicación biologicista de la división sexual de las tareas y sus argumentos de la superioridad biológica del macho. Los antropólogos y antropólogas tienen constancia de la gran diversidad que existe en la división sexual de las tareas, cambiando el paradigma desde un plano explicativo biologicista a uno cultural.

De esta forma, una de las pioneras, la investigadora Margaret Mead afirma que la división sexual del trabajo es un fenómeno universal, no obstante, observando la diversidad que se encuentra dentro de la cultura humana, toca cuestionarse los motivos de asignación de las tareas a uno y otro sexo. Mead aporta el cambio de paradigma que continuará en las ciencias sociales hasta la actualidad: La división del trabajo no tiene una explicación biologicista, sino que depende de las representaciones simbólicas y las representaciones colectivas de cada sociedad.

NUEVO PARADIGMA: LAS RELACIONES DE GÉNERO, SISTEMA SEXO/GÉNERO.

El concepto de género (Aspectos psico-sociales que cada sociedad define como masculino o femenino) surge en la práctica psicoanalítica para diferenciarlo de la noción de sexo (diferencias biológicas).

Aunque esta dualidad sexo/género sigue generando debates, es muy importante para entender la división sexual del trabajo. De esta manera, la estructura del mercado laboral se ve moldeada por las relaciones entre los dos sexos y las atribuciones de comportamientos, roles y actividades que se le atribuyen socialmente a través del género masculino y femenino.

Estas asignaciones resultan desiguales en la sociedad actual, dejando a la mujer en una posición de subordinación respecto al varón. Algunas autoras como (Erbes-Seguin,1988) subrayan como estas relaciones que no son neutras tienen una lógica explicativa y están guiadas por un sistema patriarcal:

“el poder se constituye como patrimonio genérico de los varones y es repartido según un sistema de relaciones, una red de pactos que definen y están definidos por individuos que negocian la apropiación de los espacios de poder” (Duart, Martí, Poveda, Quiñones,1993:233).

PERSPECTIVA DE GÉNERO EN EL ANÁLISIS SOCIOLÓGICO DEL TRABAJO.

De este modo, la introducción de una perspectiva de género en el estudio del trabajo comporta salirse de la mirada única de la producción monetaria-mercantil. Con este enfoque se empieza a entender la reproducción social de la fuerza de trabajo y en general de todos los factores que permiten la sustentación del trabajo capitalista a través de un binomio del ámbito privado(hogar) y público (trabajo).

Asimismo, con este análisis saltan a la palestra los trabajos no remunerados que realizan prácticamente en su totalidad las mujeres, trabajos relacionados con los cuidados de la vida y el hogar. Existe una desvalorización de estas tareas en detrimento del trabajo asalariado, este factor no es sorprendente, responde a un sistema patriarcal con normas, valores y premisas que desprestigian los trabajos realizados por mujeres.

En nuestras sociedades, esta cuota de poder y desprestigio hacia el ámbito femenino se realiza de una manera sutil, (vivimos en una sociedad formalmente igualitaria). De esta manera, a través de la socialización (normas y valores que vamos adquiriendo a lo largo de nuestra vida a través de la interacción con el contexto social en el que vivimos) que se lleva a cabo en la escuela, familia, trabajo... se reproducen estos discursos de poder, los cuales se transforman en valores, normas, acciones y conductas.

Asimismo, en la actualidad aun nos encontramos con una socialización claramente diferencial entre niñas y niños. En el ámbito laboral esta socialización manda un mensaje a las mujeres claro: Debes labrarte un futuro en el mundo laboral sin dejar de lado tu función como cuidadora. En los varones es diferente, el ámbito privado del hogar se excluye, solo importa formarse como trabajador y dar prioridad a tus metas profesionales. 

El resultado de estos procesos es una diferenciación clara de dos modelos dentro del ámbito laboral, el femenino y el masculino. Esto puede explicar porque muchas mujeres tienen que soportar una doble de carga de trabajo (el laboral y el del hogar), porque muchas no priorizan el ascenso laboral (perdiendo oportunidades), o se enfocan hacia profesiones claramente feminizadas, las cuales, en muchos casos están relacionadas con la esfera de los cuidados (enfermerías, guarderías, magisterio), alejándose de otras profesiones altamente masculinizadas como las ingenierías. Todos estos procesos de elección, gustos y decisiones se comprenden como decisiones libres, no obstante, ocultan detrás esta socialización diferencial, la cual, en el seno de una sociedad patriarcal perjudica al género femenino, siendo las mujeres participes de su propia dominación.

Fuente: Datos de icefi obtenidos de la organización internacional del trabajo.

LA DESIGUALDAD FEMENINA Y LA IMPORTANCIA DEL ESTADO DE BIENESTAR.

La doble carga de trabajo hogar/trabajo remunerado y la corresponsabilidad del varón hacia el ámbito privado evoluciona cada vez más, sin embargo, de manera lenta (hablamos de las sociedades abiertamente igualitarias). Esta desigualdad en las cargas del trabajo reproductivo genera desigualdades laborales y en general de acceso a la independencia y recursos de todo tipo. De esta forma, es muy importante la figura del estado del bienestar, siendo un mecanismo igualador de esta problemática, ya que puede dotar de servicios públicos, de cuidados u otras funciones, liberando así la carga femenina.

No obstante, a modo de conclusión, no podemos olvidar el efecto de las políticas neoliberales, las cuales en épocas de crisis se vuelven más agresivas.  Estas lógicas de flexibilidad económica, abaratamiento de mano de obra y pérdida de derechos laborales en general, se apoyan en un sistema de división sexual del trabajo, donde las mujeres soportan una carga fundamental para que el sistema, a pesar de sus recortes y sus continuos maltratos a la clase obrera siga funcionando. Dicho sistema choca con la nueva ola feminista y sus reivindicaciones. El nuevo modelo de mujer moderna ha incorporado la necesidad de autonomía económica, profesional y vital. Siendo el momento, por tanto, de cambiar el paradigma dominante o por lo menos cuestionarlo desde las perspectivas feministas conjuntamente a la lucha obrera.

Enlaces de interés: El feminismo desde la sociología de género.

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BIBLIOGRAFÍA:

Instituto Centro americano de Estudios Fiscales (ICEFI).

Santos Ortega, A. (2015). Trabajo y empleo (1st ed.). Valencia: Ramón Llull.

Organización Social del Trabajo (OST).

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