Desmontando el discurso ultraderechista


Las épocas de crisis sacan a la palestra discursos y cosmovisiones que ofrecen una explicación fuera del marco liberal/económico del mundo social. Últimamente, se habla mucho sobre la crispación y confrontación que está generando la crisis sanitaria por el coronavirus y todos los problemas que lleva consigo a nivel social, económico y político. Entre ellos, el discurso ultraderechista es uno de ellos.

Sin embargo, el conflicto siempre ha sido un motor central en las dinámicas sociales. Es más, pensadores como Nicolás MaquiaveloJean-Jacques Rousseau o Karl Marx plantearon la confrontación como un pilar fundamental para entender la realidad social. El propio Marx, de hecho, añadió a esto una dimensión más señalando la lucha de clases como motor de avance histórico en las sociedades modernas.

Las ideas de Marx han sido criticadas, malinterpretadas y, muchas veces, ampliadas, rectificadas o matizadas, no dejando indiferente a nadieNo obstante, sería absurdo negar la evidencia e importancia de la conceptualización de la lucha de clases como eje de estas confrontaciones para entender el mundo actual, es decir, como una sucesión de conflictos entre propietarios y trabajadores.


La crisis como espacio para la confrontación


Deuda de España en 2012. Se observa que bancos y empresas representan un 63% del total y 2/3 de la deuda privada. Autor: Plataforma de Auditoría Ciudadana de la Deuda, 25/02/2013. Fuente:Auditoriaciudadana.net (CC BY-SA 3.0.)

De este modo, con el inicio de una crisis, se abre la oportunidad perfecta para una confrontación, ya que surgen preguntas y planteamientos críticos al sistema que en época de bonanza o estabilidad social no se plantean, o al menos no con tanta intensidad.

Y es que, cuando a la gente se le desahucia, no se le da oportunidades laborales, se le explota y, en general, empeora su nivel de vida, las preguntas surgen por pura necesidad, ¿por qué y a causa de qué o quién está pasándome esto? Al fin y al cabo, una crisis (al menos en un porcentaje importante) no es más que la consecuencia de algo que no funciona bien.

En 2008, tras el estallido de la burbuja de las llamadas hipotecas subprime y que generó un efecto dominó que golpeó las principales economías del mundo, economistas y analistas coinciden en que la excesiva desregulación del sistema financiero, la especulación galopante característica del capitalismo moderno y la receta neoliberal basada en recortes presupuestarios y privatización de servicios básicos para intentar paliar los efectos de la misma provocó rápidamente una crisis mundial cuyos efectos todavía se notan.

Las consecuencias, como siempre, las pagó principalmente la clase trabajadora, especialmente la gente que menos tiene. De esta forma, los estados y sus medidas económicas, paradójicamente, flexibilizaron la economía hasta límites nunca vistos, se recortó en derechos laborales, se sumió al trabajador en un ajuste de cinturón que costaría mucho sufrimiento (e incluso vidas) y, además se siguió justificando el sistema a través de la ideología neoliberalrepitiéndose hasta la saciedad frases como que la gente “había vivido por encima de sus posibilidades”.

Se continuó (se lleva haciendo desde hace décadas) agrandando la imagen del empresario/emprendedor y empequeñeciendo la del trabajador y se justificó tal acción bajo el mito de la meritocracia proveniente del sueño americano, la cual, nos viene a decir grosso modo “tu posición social es equivalente al esfuerzo que tú hagas, todo lo demás son excusas”. Indirectamente, se responsabiliza a la gente con menos recursos de su situación al tiempo que se le coloca un estigma. Se pone como héroe a personas como Amancio Ortega al tiempo que se criminaliza a la persona trabajadora que se manifiesta por un sueldo digno.

Multitud de intelectuales de gran renombre criticaron esta gestión, tanto desde las ciencias económicas, como las sociales y las jurídicas. Pese a todo, los grandes intereses económicos se impusieron, de forma que este criticado discurso fue ampliamente aceptado en todo el globo.

Por ejemplo, en España, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de Jose Luís Rodríguez Zapatero, quien gobernó el país entre 2004 y 2011, a inició a partir de 2010 una época oscura para la clase obrera española mediante la asunción de políticas neoliberales, en buena parte bajo el mandato europeo (la llamada “troika”), incluyendo en el pack subidas de impuestos indirectos, recortes presupuestarios en sanidad y en educación, privatizaciones y reformas laborales lesivas para la gente trabajadora.

El proceso acabó de dinamitarse con el Partido Popular (PP) de Mariano Rajoy, el cual se dedicó a implantar medidas neoliberales de flexibilidad económica en favor de las empresas, realizando una reforma laboral más que agresiva frente a los derechos laborales (reforma que sigue vigente), constituyendo en la práctica una línea continuista en el plano económico a la de su predecesor. Evidentemente, todo esto sumado a sus innumerables casos de corrupción que dan para otro artículo aparte.

Y esto es solo el ejemplo de España. En países como Grecia, Italia o Francia se vivieron contextos similares y, en mayor o menor medida, también en otros países del mundo, como México.

En resumen, en la última crisis ya se dio una confrontación que, en términos de lucha de clases, perjudicó principalmente a las personas que menos tenían, mientras que las clases privilegiadas aumentaron su riqueza. Es decir, mientras el mundo se envolvía en el discurso de los recortes y la penitencia inevitable de la crisis, las personas más ricas se enriquecieron aún más a costa de las más pobres.

De esta forma, en la crisis de 2008 tomaron fuerza discursos reivindicativos que fueron expresados a través de movimientos sociales como el 15-M (España), OccupyWallStreet (EEUU) o YoSoy132 (México).

Estas movilizaciones tenían como denominador común reivindicar una nueva manera de hacer política y un desplazamiento del enfoque económico/liberal de regir la sociedad. De este modo, se plantearon otros enfoques de gestión político/social: socialistas, marxistas, feministas o ecologistas, muchos de ellos anticapitalistas en sus preceptos, pero también personas con perspectivas moderadas, centristas o incluso liberales que simplemente querían alternativas políticas, mayor participación, transparencia y democracia frente a la sumisión a “los mercados”.

Como fruto final surgieron partidos políticos nuevos u otros consiguieron gran apoyo. En España está el ejemplo de Movimiento RED, Partido X, el Partido Pirata o Podemosque inició su andadura presentándose a las elecciones europeas. En Grecia despuntó la SYRIZA de Alexis Tsipras, en Italia el Movimiento 5 Estrellas, en México el Partido de la Revolución Democráticaen Chile el Partido Socialista y el Partido Comunista o en Alemania el Partido Pirata.


Una nueva crisis como continuación de una disputa que nunca acaba

La pandemia de coronavirus ha acrecentado las desigualdades económicas y sociales y amenaza con provocar una nueva crisis económica duradera, clave del nuevo discurso ultraderechista

En la crisis del Covid se da un nuevo espacio de confrontación socialcon las secuelas de la crisis del 2008 aún vigentes. La clase trabajadora es más pobre y precaria y los discursos que surgieron de aquella ola de protestas todavía perduran y ejercen de contrapeso sobre las viejas premisas políticas que empañaron y enturbiaron el mundo para siempre.

Además, los movimientos feminista y ecologista han entrado con mayor fuerza si cabe en el espacio público, proponiendo alternativas de actuación política, nuevos puntos de vista y, en general, nuevas maneras de enfoque en todos los ámbitos comunitarios y sociales ante las crecientes reivindicaciones que pueblan el panorama social (violencia machista, brecha salarial, cambio climático…).

Así, las clases privilegiadas han iniciado su propia contraofensiva a estos discursos (como ya hicieron en su momento) y, en cierto modo, el resultado ha sido eficaz. La ultraderecha ha entrado con fuerza en las instituciones públicas, multiplicándose en toda Europa en apenas cinco años.

En gran parte, su argumentario se basa casi exclusivamente en deconstruir los discursos alternativos al statu quo: Niegan el feminismo y preceptos tan básicos como la violencia de género, niegan el cambio climático y la necesidad de políticas de protección del medio ambiente y, por supuesto, niegan que exista la lucha de clases. Y, en general, cualquier precepto defendido por la izquierda, hasta la más moderada. El discurso ultraderechista ataca de un modo u otro, a base de bulos, memes, burlas y, en general, la posverdad y la antipolítica, a otras formas de entender el mundo.

Pero esto no es nuevo. Las clases altas cuando protestan no lo hacen para salvaguardar u obtener derechos, sino para preservar sus privilegios, lo que convierte su posición es moralmente cuestionable y esto los hace endebles en el discurso argumentativo profundo.

Las mujeres sufren de exclusión social, maltrato y violencia de una manera estructural, igual que la población migrante (y no tienen trato de favor) y racializada y las personas LGTBI. Es decir, clase trabajadora concienciada, las personas que sufren discriminación y luchan, por sus derechos no son “unos vagos que solo quieren paguitas”.

Manifestación en Madrid por la unidad de España en 2019. Imagen de Carabo Spain en Pixabay

El discurso que, por ejemplo, sostiene el partido ultraderechista Vox y el PP en España consiste en ocultar, negar y ridiculizar los factores estructurales que se entrecruzan y que son transversales en el funcionamiento y explicación de los ejes de poder que se dan en sociedad, además, apoyados por prácticamente la totalidad de la Ciencia Social objetiva.

"El término fascismo se adapta a todo porque es posible eliminar de un régimen fascista uno o más aspectos y siempre podremos reconocerlo como fascista"- Umberto Eco, Filósofo y escritor

Por otra parte, tampoco es nuevo que la ideología fascista y la extrema derecha en general defienda los privilegios de las élites a pesar de que siempre hayan intentado vender lo contrario.

El surgimiento del fascismo tiene su génesis en el capitalismo y es la expresión de dominación más extrema del sistema para defender los intereses de los poderososLo primero que hay que tener en cuenta sobre la ultraderecha es su capacidad de adaptación a las situaciones sociopolíticas. Su lógica se basa en discursos que abogan por lo irracional y la negación de la realidad.

En primer lugar, niegan la lucha de clases y, en segundo lugar, inventan un chivo expiatorioPor ejemplo, en el caso de la Alemania Nazi era la población judía; en la España franquista los “la conspiración judeo-masónica-comunista internacional”; en los fascismos europeos actuales, la población migrante africana, principalmente musulmanes y minorías étnicas; en Latinoamérica con Jair Bolsonaro en Brasil o Jeanine Áñez en Bolivia, son las comunidades indígenas; para Donald Trump, por ejemplo, el foco de atención inculpatoria se arroja hacia la población hispana. Además de, por supuesto, todo lo que huela a progresismo.

En España, Vox, PP y Ciudadanos han usado esta lógica, sobre todo utilizando de chivo expiatorio a los inmigrantes de origen africano, apoyándose de manera especial en la islamofobia. Además, las propias nacionalidades no españolas existentes dentro del territorio como la población catalana y la vasca también han sido estigmatizados, normalmente relacionándolos con el discurso inculpatorio del terrorismo (un terrorismo armado que desapareció hace años). Cabe añadir la cruzada sin precedentes de Vox contra el movimiento feminista, llegando incluso a negar la existencia de la violencia de género. Últimamente, han añadido a “los okupas” a la lista. Así es el discurso ultraderechista.

De esta manera, se da una amalgama de discursos reaccionarios que lo único que buscan es culpar a un “otro” ficticio sobre las problemáticas sociales, económicas y políticas. Un “otro” que apunta al de al lado, al igual,en lugar de al de arriba.

Asimismo, la derecha, ligada en España al fascismo y a la ultraderecha de una manera más que sutil, no entiende de solidaridad, ni de comunidad. Son los que fusilaban en el paredón y llenaron las cunetas de republicanos durante la Guerra Civil, los que torturaban, los que dieron un golpe de estado y tumbaron una república democrática.

También son los que hoy en día no aceptan la libertad sexual, ni la libertad de las mujeres, ni el respeto por el medio ambiente, ni las culturas nacionales alternativas a la suya, ni a los inmigrantes y, sobre todo, no aceptan a los que no son de su clase social.


El discurso ultraderechista: oprimidos apoyan a su opresor

Daniel Esteve y parte de su equipo de Desokupa, organización dedicada a ejecutar desalojos. Autor y fuente: Desokupa.
Daniel Esteve y parte de su equipo de Desokupa, organización dedicada a ejecutar desalojos. Autor y fuente: Desokupa

Por cuestiones lógicas y evidentes, es un hecho que la clase obrera participa en los discursos de la extrema derecha y engrosa las filas de sus votantes.

Esta mencionada confrontación ha sido perdida una y otra vez por la gente que menos tiene, sometida en el plano cultural a unos medios de comunicación y una industria cultural que rozan las mejores novelas distópicas de Aldous Huxley, Philip K. Dick o George Orwell.

El pensamiento crítico y la llamada conciencia de clase se ido ha esfumado a causa de todo el bombardeo de unos medios de comunicación, unas organizaciones políticas plegadas a intereses de particulares y la expansión del discurso ultraderechista. Así, buena parte de la clase trabajadora se ha incorporado de lleno al sistema como un engranaje más que acepta su situación de dominación.

Es más, es participe directa de ella dando su voto a partidos que defienden intereses antagónicos y renunciando a organizarse para luchar por sus derechos, al tiempo que es seducida por el consumismo, el ocio insano y un falso “Estado del Bienestar”.

No obstante, llega también una nueva oportunidad de intentar cambiar de rumbo. Hay y habrá confrontación, seguro (si es que no la está habiendo ya), y tocará de algún modo posicionarse de un lado o de otro, de no caer en engaños a estas alturas ya nada sutiles, ni de caer en culpabilizar a los tradicionales “chivos expiatorios” que la derecha y la extrema derecha dicta.

Aunque a menudo pueda parecer exagerado, la Historia es clara al respecto: las clases privilegiadas no han vacilado a la hora de perpetuar su poder a lo largo de las décadas y de los siglos, engañando, manipulando y provocando guerras. Y no hace falta remontarse a los años 20. La Guerra de Irak es un claro ejemplo de cómo se puede llegar a mentir hasta provocar muertes por puro egoísmo.

Este discurso se repite una vez más. Edulcorado, disfrazado, adaptado, pero el mismo, que siempre trataremos de dejar Al Descubierto.

"Una dictadura tendría la apariencia de una democracia, pero sería básicamente una prisión sin muros en la que los presos ni siquiera soñarían con escapar. Sería esencialmente un sistema de esclavitud, en el que gracias al consumo y el entretenimiento, los esclavos amarían su servidumbre"- Aldous Huxley, Un Mundo Feliz (1932)

Fuentes, enlaces y bibliografía:

– Foto destacada: Manifestación del 15-M en España. Autor: Olmo Calvo, 15/05/2020. Fuente: Periódico Diagonal (CC BY-SA 3.0.)


Artículo original de: https://aldescubierto.org/2020/09/22/desmontando-el-discurso-ultraderechista/

Autor: Álvaro Soler Martínez

Twitter del autorhttps://twitter.com/SOLER2911


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