Hamnet: una catarsis emocional sobre nuestro tiempo

Hamnet: una catarsis emocional sobre nuestro tiempo

Fotograma de Hamnet

Un halcón se posa en una contundente rama de árbol. El bosque es frondoso y desde abajo, en la hojarasca, una mujer pelirroja con ropajes tenuemente granates lo llama. El halcón vuela hasta su antebrazo y empieza a comer de su mano cubierta por un guante de cuero. A apenas unos centenares de metros, en la granja colindante al bosque, un joven maestro llamado William enseña latín a los niños varones de la hacienda.

Aburrido, William mira por la ventana distraído y sus ojos se abren como platos cuando ve a esa preciosa mujer de rojo que porta un halcón en su antebrazo. Rápidamente baja al establo y le pregunta su nombre. Ella se niega a dárselo, él le insiste, sabe que le dirá su nombre la primera vez que la bese. Pocos segundos después, cumpliendo la profecía que el nervioso Will había murmurado, ella le susurra que se llama Agnes.

Fotograma de Hamnet

Así empieza Hamnet, la película de Chloé Zhao, basada en la novela con el mismo nombre escrita por Maggie O’Farrell. La historia de Hamnet nos posa sobre los hombros de la misteriosa mujer de William Shakespeare, su vida y matrimonio con el dramaturgo, así como el nacimiento de sus tres hijos y la muerte del único varón, Hamnet. Esta tragedia inspiró según el film la icónica obra Hamlet.

No pensaba hacer una crítica sobre la película, porque no pensaba que podría albergar en ella un cáliz actual y subversivo, pero me equivoqué. Quizá debería recordar a menudo eso que Adorno y con más intensidad Fisher nos recordaban sobre la cultura y su relación con el tiempo. Quizá también estaba influenciado por las críticas que leí, que la tachaban de plana, con una mala elaboración de personajes o que forzaba la emoción fácil. Creo que hay, actualmente, una alergia a lo popular, a lo que al mundo le interesa y le emociona a gran escala. Supongo que es peligroso, porque lo popular alberga un potencial emancipatorio verdadero. Hamnet es una película que tiene dos vertientes diferentes, dos efectos simultáneos sobre el tiempo actual, y por ellos caminaremos en los siguientes párrafos.

El primer efecto es su diálogo con el dolor y la pérdida actual, con el sufrimiento de un mundo que se vuelve inabarcable para el individuo y para la gran mayoría de comunidades del planeta. En la película, Shakespeare nos lo muestra mirando al horizonte a orillas del sucio Támesis, cuando se pregunta desolado por la muerte de su hijo: “Ser, o no ser, ésa es la cuestión”.

Fotograma de Hamnet

Y por supuesto esa es una de las preguntas trascendentales, ser o no ser, un dilema que Albert Camus rescata en su filosofía, esa pregunta incómoda: ¿por qué seguir? Sin duda dicha espada de Damocles está presente en todas las épocas, pero se acentúa en tiempos de crisis. Y nosotres, por desgracia, estamos viviendo uno de los más intensos, seguramente, desde hace muchos años.

Queda claro entonces que la película de Chloé Zhao dialoga de lleno con nuestro tiempo; no podría ser de otra forma si se lleva a buen puerto una de las obras más universales de la humanidad, la de Shakespeare. No obstante, esa dialéctica con el pasado en el alma de nuestro presente puede tornarse en muchas formas. Así como se invoca a los fantasmas del pasado en ocasiones para cancelarnos el futuro, la historia de Hamnet nos conduce hacia una salida, hacia la inevitable dureza de la vida, pero también hacia la transformación constante, la catarsis, la fuerza de continuar pese al dolor.

La mirada de Chloé Zhao, que le debe también mucho a la autora de la novela, Maggie O’Farrell, es una mirada de apertura, de esperanza frente a la adversidad, frente al duelo, frente al final. Y aunque la película se centra en la vida de una familia y su pérdida más desgarradora, no deja de tener un telón de fondo apocalíptico, sobre todo con las escenas de un Londres ennegrecido, decadente y achacado por la peste.

No puedo evitar acordarme de Albert Camus de nuevo y su maravillosa novela con el nombre de esta pandemia del Siglo XVI, que destila aires shakespearianos, y donde frente al fin del mundo Camus elige continuar. Es posible que sin esa fuerza que aparece siempre desde lo más recóndito de nuestro ser, esa decisión de un individuo y de muchos de seguir adelante a pesar del sufrimiento, la injusticia y la muerte, habríamos perecido hace muchos finales.

Es posible también que cada época tenga su propio fin del mundo; quién sabe si nosotros estamos viviendo el nuestro, como Agnes y Shakespeare lo vivieron cuando el pequeño Hamnet se les fue por culpa de la peste.

Fotograma de Hamnet

Os recomiendo encarecidamente esta película, porque en estos tiempos donde los malvados ganan una y otra vez, donde la desesperanza nos aprieta el corazón, donde enterramos a nuestros muertos mientras el tiempo y la historia se desmoronan a nuestro alrededor, donde todo se corrompe y lo injusto se disfraza de justicia, el fascismo de democracia y la libertad de opresión. Justo en este instante tenemos que mirar hacia adelante. Así como hicieron Agnes y Shakespeare, regalándonos el relato de nuestra especie, nuestro relato, el relato del cambio continuo, de otro amanecer, la historia que nos reconforta aunque se nos muestre a través del llanto, porque como decía el esposo de Agnes: “¿Cuál es más digna acción del ánimo: sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta, u oponer los brazos a este torrente de calamidades y darles fin con atrevida resistencia?".

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