Todo lo sólido se desvanece en el aire
Ekko, personaje de Arcane, piensa en su compañera Jinx, muerta hace pocos días.
Todo lo sólido se desvanece en el aire. Marx y Engels escribían esta frase en la primera sección del Manifiesto comunista, titulada Burgueses y proletarios1, advirtiendo cómo el capitalismo y su constricción sobre la vida social reconfiguraba radicalmente las formas de la sociedad tradicional-feudal.
En la actualidad, esta frase aún cobra mayor envergadura; siendo las formas feudales trasladadas al pasado, el capitalismo sigue en un proceso de atomización donde incluso las formas que se consolidaron en su etapa media-alta (fordismo), se desvanecen de nuevo.
Hoy en día, a través de aquello que llaman la Ilustración Oscura (y demás ideologías reaccionarias, no está solo esa), las diferentes ramas del capital se ponen los monos de trabajo para realizar la función clásica del fascismo: mantener a las élites siendo élites.
Herbert Marcuse2 defendía que el objetivo del fascismo era hacer de dique de contención para el lógico socialismo que debía administrar la vida social en un grado cada vez mayor. Dicha tesis, una vez se pulverizan todos los récords de acumulación de riqueza de la historia y gente como Elon Musk3 acumula más dinero que el 47% más pobre de la población de la Tierra (3.800 millones de personas), adquiere una afirmatividad casi matemática.
Frente a la clara locura que supone seguir viviendo en sociedades dentro de estos marcos, esta reacción empaña el panorama político democrático-liberal, emponzoñando ya de per se una estructura limitada por el capitalismo. Seguridad, miedo, solidez y resistencia frente a la avalancha del capital que desvanece todo bajo nuestros pies, son dimensiones utilizadas en la agenda actual del fascismo. Curiosamente ellos lo llaman globalismo4, pero este es un vocablo relacionado con su visión rígida y racial-biológica de la humanidad.
Nadie esta a salvo del miedo a desvanecerse frente a los impulsos de la forma mercancía. Sin embargo, es interesante pensar cómo nos relacionamos sobre ello y cómo el fascismo utiliza ciertas pulsiones emocionales para crear un relato paralelo.
En primer lugar, el mal llamado globalismo, que a mí me gusta llamarlo mejor como Ulrich Beck lo hacía, la sociedad del riesgo5, es culpa del movimiento Woke6. Una especie de agenda progresista que domina el ámbito cultural y político. Detrás de esta primera premisa que destaparemos se cruzan dos rechazos: el rechazo al concepto de ciudadanía y el rechazo a los derechos humanos. Estos dos ámbitos, obviamente conectados, son explicados como factores trascendentales de la sociedad del riesgo. Maderas en las ruedas de las políticas reaccionarias que deben ser superadas para abordar los males de desvanecerse.
Recuperaremos aquí a dos filósofos interesantes y certeros sobre el tema. El primero de ellos es Alberto Toscano7, el cual nos advierte cómo detrás de los miedos de esta extrema derecha global (el globalismo y lo woke) existe un miedo de connotaciones biologicistas.
Es decir, estos grupos entienden a la humanidad desde un punto racial-biológico. En otras palabras, creen que hay razas dentro de la raza humana. Su identidad, por tanto, está construida bajo concepciones racistas-biológicas clásicas disfrazadas de racismo cultural. Este factor los hace entrar en pánico sobre el gran reemplazo (una conspiración donde la raza blanca será sustituida por las otras razas); interiorizar esta visión te hace ser un sujeto apocalíptico que autoacepta una inminente extinción del “ser” de su propia comunidad (un ser que además es biológico-cultural), los ecos aquí a Heidegger8 son contundentes.
El otro filósofo es el profesor Carlos Liria9, que advierte de cómo para llevar a buen puerto las políticas que nos protegerán de dicho debacle (la extinción de la raza blanca), los fascistas deben impugnar los propios preceptos de la Ilustración y la Revolución Francesa. Es decir, los llamados ámbitos de ciudadanía y derechos humanos.
Uniendo estos dos puntos podemos comprender lo perverso de un discurso que busca violentar cada vez más cuerpos proletarios en la Tierra bajo una historieta basada en el supremacismo racial.
La izquierda no está exenta de estos conceptos, y más de una, dos y tres veces los hemos leído en marcos que se suponen postcapitalistas. Lo Woke, las élites globalistas... son marcos de comprensión creados desde los laboratorios ideológicos de EE. UU., un caballo de Troya que ya desplegó sus soldados bajo la noche de nuestras conciencias.
Después de esta breve explicación, cabe preguntarse: ¿Qué hacer? ¿Cómo responder a eso que Marx y Engels formulaban?
Es fundamental tener un marco propio de análisis y espacios que huyan de las lógicas conceptuales burguesas. Estirar la mirada frente a las instituciones que claramente están en crisis y repolitizarlas para nuestro uso. Ahora que se niegan los derechos humanos, debemos más que nunca llevar esta idea a su máxima expresión real. Ahora que se niega la democracia, debemos llevar esta idea a su máxima concreción para la clase trabajadora. Ahora que se niega la humanidad como una comunidad diversa y global, debemos poner en tela de juicio las visiones supremacistas y darwinistas sobre lo que somos.
En este interregno nos haremos fuertes. Debemos, como un imperativo categórico, seguir creyendo en una razón que nos pertenece.
El manifiesto comunista: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm
Herbert Marcuse fue un filósofo y sociólogo germano-estadounidense de origen judío asquenazí. Es una de las principales figuras de la primera generación de la Escuela de Fráncfort. Las obras más conocidas de Herbert Marcuse son Eros y civilización y El hombre unidimensional.
Término de análisis del fascismo actual que utiliza una visión negativa de los efectos de interacción cultural que la movilidad provocada por el capitalismo ha generado. El globalismo viene a ser un concepto conspirativo donde el ámbito ecologista frente al cambio climático, la llegada de migrantes del sud global buscando una mejor vida en las potencias occidentales o los propios gobiernos burgueses cumpliendo simples marcos liberales-democráticos, son los culpables directos de la crisis capitalista; además de ser efectos de un mismo sistema que tiene intenciones ocultas frente al hombre-blanco-occidental. Se evita hablar de capitalismo desde un análisis riguroso y se suele enfocar a élites abstractas de grupos concretos, para evadir el epicentro de esta cuestión: la estructura de clases, la propiedad privada y la violencia supremacista Occidental.
La sociedad del riesgo de Ulrich Beck: https://giuseppecapograssi.wordpress.com/wp-content/uploads/2015/01/beck-ulrich-la-sociedad-del-riesgo-global.pdf
El término woke nació en las comunidades afroamericanas como un aviso para mantenerse alerta ante el racismo estructural y las agresiones físicas cotidianas, un vocablo que significa algo así como “mantente despierto” o “ten los ojos abiertos”. Por tanto, representa la toma de conciencia crítica sobre estructuras de poder que perpetúan desigualdades de raza, género y clase, una forma de lo que Gramsci llamaría contrahegemonía. Con el auge de Black Lives Matter se universalizó como concepto paraguas del activismo identitario progresista, aunando no solo las luchas de la comunidad afroamericana, sino también LGTBi y de otras comunidades racializadas. Sin embargo, los movimientos de extrema derecha y el fascismo contemporáneo lo han convertido en su enemigo simbólico favorito, vaciándolo de contenido histórico para usarlo como etiqueta difusa y desacreditadora. Esta operación es clásica en la retórica fascista: se toma un concepto de emancipación, se caricaturiza hasta el absurdo y se convierte en amenaza existencial para movilizar el miedo. Lo woke pasa así a representar una supuesta conspiración cultural que atacaría los valores tradicionales, la familia y la identidad nacional. Es la vieja táctica del enemigo interno, el chivo expiatorio creada con las estrategias propagandísticas del siglo XXI. Al atacar lo woke, el fascismo dice que ataca a una dictadura ideológica, pero en realidad busca impugnar todo atisbo de derecho a nombrar la injusticia en todas sus formas.
Alberto Toscano, profesor en la Facultad de Comunicación de la Simon Fraser University y codirector del Centre for Philosophy and Critical Theory de Goldsmiths, Universidad de Londres. Su investigación se sitúa en el cruce entre filosofía política, teoría social crítica y marxismo contemporáneo, con especial atención al autoritarismo, el capitalismo racializado y el concepto de abstracción real. Entre sus obras destacan Fanaticism: On the Uses of an Idea, Cartographies of the Absolute (Verso Books, 2017), y Terms of Disorder: Keywords for an Interregnum (Seagull Books, 2023). También ha coeditado obras clave como The SAGE Handbook of Marxism y volúmenes dedicados a Ruth Wilson Gilmore y Georges Bataille.
Heidegger, el filósofo Nazi, obsesionado por la pérdida del “ser” causado por la modernidad y su desarrollo técnico, vira hacia la búsqueda de la esencia del pueblo alemán. Él la acaba encontrando en la selva negra alemana, paisaje característico vinculado a una noción de pueblo pura, característica, esencial. El viraje a ligar identidad con sangre y paisaje es obvio. Actualmente, la extrema derecha esta infectada de este mismo miedo, por eso temen tanto la interacción intercultural con otras identidades, pues esto pone en peligro su esencia cultural-biológica.
Carlos Fernández Liria es profesor de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid. Os recomiendo su canal de YouTube: https://www.youtube.com/@CarlosLiria
Comentarios
Publicar un comentario