La sociedad actual: Una visión anticapitalista



Sin duda este año 2020 está siendo catalogado por la opinión pública y mediática como catastrófico. No obstante, las Ciencias Sociales, la Ecología y la Economía crítica, llevan años avisando sobre un contexto cada vez más acorralado por las crisis capitalistas. 

En la actualidad, el capitalismo neoliberal ha abierto una brecha que traspasa todas las estructuras que componen nuestra sociedad (economía, política, cultura, comunidad...). El sistema democrático se quiebra cada vez más, su legitimidad pende de un hilo.

La desigualdad estructura nuestro mundo, un mundo global por primera vez que nos muestra una desigualdad entre países, donde occidente asfixia a los países periféricos. Además, nos encontramos con una polarización interna, ya que incluso en el paraíso occidental las diferencias sociales aumentan cada vez más, presentándonos una clase media que se difumina, una clase obrera sometida y maltratada a todos los niveles, y unos grupos de poder liderados por grandes compañías que dirigen la democracia actual a través de su capacidad de influencia.

De esta manera, la ofensiva neoliberal destapa una batalla que se libra desde hace décadas en el seno de nuestras sociedades, una lucha entre dos visiones de entender la sociedad. Lo privado frente a lo público, es un tema planteado reiteradamente por la Sociología, también por otras ciencias.

Hanna Arendt ya nos advertía de la lucha entre estas dos visiones y de cómo en tiempos de crisis surgía la peor versión de nuestras sociedades cuando el ámbito público se debilitaba y perdía su función real:

Si la función del ámbito público es arrojar luz sobre los asuntos de los hombres proporcionándoles así un espacio de apariencias en el que pueden mostrar de obra y de palabra, para bien o para mal, quienes son y qué pueden hacer, entonces la oscuridad ha llegado cuando esa luz se ha extinguido víctima de una brecha de credibilidad y de un gobierno invisible, de un discurso que no revela lo que es sino que lo barre debajo de la alfombra, y de exhortaciones (morales o de otro tipo) que, bajo el pretexto de sostener viejas verdades, degradan toda verdad a una trivialidad sin sentido. (Bauman, Vida Líquida, 2007, pág. 171)

No hay duda, nadie podrá negar la pérdida de credibilidad del ámbito político (gestor del espacio público). Además, como explica Hanna Arendt, el propio sistema y sus discursos legitimadores no destacan por la claridad y la capacidad resolutiva de los problemas sociales, todo lo contrario, destacan por lo que ocultan. Esconden un sistema que "no es para todos" que en su lógica de acumulación de capital polariza cada vez más, y que en su afán de producción infinita somete territorios enteros convirtiéndolos en almacenes de materias primas. La fábrica hoy en día ya no se sitúa cerca de los ríos, como sus predecesoras hacían para ayudarse de la fuerza del agua, tampoco están en las ciudades, la vertebración de la producción actual ha conseguido tejer una red de producción global, interconectando culturas, territorios y países lejanos.

¿Cómo afecta esto a nuestra vida individual? En el plano relacional de cada persona, en la vida social donde se desenvuelve cada individuo, tiene un gran peso la escala local: su comunidad/su barrio/ su ciudad (o por lo menos para la mayoría de gente de clase obrera y clase media). 

De esta forma, hoy en día, las ciudades se nos presentan como la mayor expresión territorial del capitalismo neoliberal, y, además, donde muchas personas sufren en primera persona las presiones del sistema. Hay que decir, que las urbes son un claro espejo de las principales inercias y características sociopolíticas del capitalismo de cada época. 

En la actualidad, la ciudad expresa de manera clara la confrontación entre ciudadanía y capital (privado vs público). Ejemplos de ello los encontramos por doquier en cualquier movimiento vecinal que lucha contra la especulación inmobiliaria, la degradación, la pérdida de identidad o la gentrificiación. Las comunidades se ven sometidas a las lógicas neoliberales globales; inercias globales que tienen repercusiones locales, y que presentan lo público como una mercancía. 

De este modo, la ciudad, la comunidad y los barrios pasan a ser un activo más del mercado con potencial mercantilizador. De esta manera, las urbes se presentan al mercado global a través de la captación de eventos deportivos (Fórmula 1, Fútbol...) o grandes obras colosales y emblemáticas que sirven como marca y carta de presentación del producto (la Ciudad de las artes y las Ciencias en Valencia, España). 

Edificios de inicios del siglo XX deteriorados junto a una torre de lofts recién construidos en la colonia Roma, en la Ciudad de México. Fuente:https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Mexico_City%27s_Roma_neighborhood_gentrification_2016.jpg


Gentrificación: Neologismo procedente del verbo inglés gentrify que designa el proceso de renovación o mejora de una casa o un barrio para adecuarlo a los gustos de las clases acomodadas. (Jacques Donzelot. Pensar y resistir, 2006, pág.76)

Las consecuencias de que las lógicas mercantiles gobiernen la vida social de la ciudad son devastadoras para el ámbito público. La segregación socioespacial es uno de los principales problemas urbanos: Existe un proceso de desplazamiento hacia las periferias de las minorías y clases bajas. Pero esto no solo afecta a las clases más vulnerables, las clases medias se encuentran con zonas céntricas demasiado caras para ellas, las cuales son pobladas por ejecutivos o profesionales intelectuales seducidos por la proximidad de los centros de decisión empresariales. 

El capitalismo neoliberal ha moldeado las ciudades, los cambios no tienen por qué se sinónimos de empeoramiento. No obstante, bajo las directrices neoliberales, la destrucción de los lazos comunitarios resulta letal para la convivencia, los puntos de encuentro social y, en general, para crear un poso político de entendimiento ciudadano. 

La integración sería una palabra clave para resolver estás problemáticas urbanas, pero no una integración unidireccional. Es decir, que las clases más vulnerables acepten y participen en el mismo juego que las clases dominantes no es integración, es sometimiento, puede que sin violencia (muy aparente) pero sometimiento al fin y al cabo. Tolerancia, entendimiento e interrelación se acercan más a una verdadera solución. 

Los seres humanos y la expresión urbana de nosotros como sociedad, la ciudad, es un espacio de conflicto, un espacio común donde ocurren los actos más positivos y negativos de la solidaridad y la convivencia, desde la acción vecinal que para un desahucio, hasta el crimen y la violencia más atroz, decir lo contrario sería mentir. Sin embargo, la privatización del espacio comunitario rompe los lazos de convivencia. Una ciudad siempre tendrá heterogeneidad y diversidad en su composición urbana (al igual que la gente que la compone), y es a través de los espacios comunitarios donde se forjan los lazos sociales necesarios para la convivencia. 

Asimismo, la importancia de bibliotecas, parques, instalaciones deportivas, calles peatonales, salas culturales... es más vital que nunca para el fomento de una buena vida social en la urbe. Pero más importante aún si cabe es la igualdad, una igualdad real de oportunidades, y eso pasa por combatir la marginalidad y la falta de servicios de los castigados barrios obreros. Las diferencias entre personas se hacen insalvables cuando viven en una misma ciudad y sus vidas y oportunidades están condicionadas para siempre dependiendo de la calle en la que nazcan.

Por otro lado, como hemos nombrado en párrafos anteriores, por primera vez las dimensiones sociales, políticas, culturales y económicas han tomado una dimensión completamente global, y esto no es una excepción entre los estados. La segregación socioespacial que presenta el capitalismo neoliberal no solo se observa entre barrios ricos o pobres, también se vislumbra a través de la diferenciación entre países.

 Así pues, al igual que en las urbes, las relaciones entre los países que componen el mundo nos muestran una composición segregada, impulsada por relaciones de desigualdad basadas en el control de la producción y el capital:

Los países céntricos poseedores del poder económico, político y militar someten a los demás países periféricos. A veces a través de la fuerza militar, otras veces a través de gobiernos cómplices que perpetúan unas relaciones económicas de desigualdad. De esta manera, los países occidentales se aprovechan de las materias primas de estos estados, también de mano de obra esclava y de su débil política, la cual no protege en absoluto a sus ciudadanos. Existe un claro paralelismo entre los "guettos" de las ciudades occidentales y los países del tercer mundo, ya que la segregación sociespacial se nos presenta desde una escala local hasta una nacional e incluso global.

El coeficiente de Gini es una medida de la desigualdad ideada por el estadístico italiano Corrado Gini. Normalmente se utiliza para medir la desigualdad en los ingresos, dentro de un país, pero puede utilizarse para medir cualquier forma de distribución desigual. Fuente:https://es.wikipedia.org/wiki/Coeficiente_de_Gini


Asimismo, el panorama se presenta asolador, no solo por lo descrito, si no por la inercia de estas dinámicas que ni mucho menos apunta a la reducción de las tendencias nombradas, más bien el contrario. 

El aumento exponencial de la desigualdad social en todos los ámbitos de la vida es un hecho. La emancipación de los oprimidos, esa gran mayoría de la ciudadanía que engloba a las clases trabajadoras, incluso a las clases medias, que dedican su vida a la producción capitalista para llenar las arcas de unos pocos (las élites), parece lejana. Más remota aún parece aquella revolución proletaria que Marx atisbaba unos siglos atrás.

No obstante, las descripciones y acusaciones del marxismo hacia el capitalismo siguen más vigentes que nunca. Sin embargo, existe un discurso crítico al marxismo que juega con la ignorancia de la población. Se tildan las premisas de Marx de extremistas o utópicas con una frecuencia exhaustiva, pero estos ataques ocultan un miedo a la verdad que esconden los discursos anticapitalistas como el Comunismo y el Anarquismo. En muchos preceptos estos paradigmas son utópicos, sí (esto no es nada malo, la utopía sirve como motor para avanzar, para intentar cambios). Pero también en muchas de sus conceptualizaciones aciertan y nos muestran la cruda realidad social, una realidad social crítica al sistema. Por mucho que se malinterpreten (con o sin intención), o se ignoren las premisas de estas visiones, jamás se podrá dejar de lado la verdad que esconden estos discursos, una verdad que puede ser transformadora, aunque el cambio social que nos prometen nunca podrá ser controlado.

La presencia, en absoluto disminuida, del sufrimiento, el miedo y la amenaza convierte en perentoria la necesidad de no descartar de por sí la idea o el pensamiento que no pueda materializarse. (Adorno, Critical Models, pág 14)

De este modo, Marx vislumbró una sociedad con las condiciones idóneas para iniciar una transformación completa que buscara un camino hacia un "paraíso social". Para él, la posibilidad de cambiar el mundo de una manera radical era real, y posiblemente tendría sus motivos.

En la actualidad, plantearlo siquiera ya suena utópico. Los caminos hacia un cambio a través de la revolución parece que se han enterrado para no volver en un futuro cercano. La clase obrera no está dispuesta a desenterrar ese camino hacia la justicia social, es más, gran porcentaje de ella no es consciente ni de la existencia de ese camino labrado siglos atrás.

En definitiva, la pérdida de lo público frente al capital privado es obvia. La derrota es clara en todos los ámbitos: político, cultural, comunicativo, económico, urbano, etc. La crisis del sistema neoliberal se acrecienta cada vez más, y no es porque el propio sistema no funcione (sigue siendo igual de útil para las élites que lo dirigen). 

No obstante, el absurdismo que envuelve a la concentración de la riqueza que todos generamos en unas pocas manos, el saqueamiento y depredación de recursos naturales y ecosistemas, y el empeoramiento de las condiciones de vida de las clases medias y bajas, nos escupen algo que lleva siendo atisbado por las Ciencias Sociales desde hace tiempo: el sistema es insostenible desde el punto de vista social y medioambiental. 

Como se ha comentado en el párrafo anterior, los caminos hacia un cambio rápido y trascendental están más olvidados que nunca. No obstante, nuevos caminos se abrirán, quizá no tan rápidos ni tan glamurosos como el paraíso en la tierra de Marx, pero siempre con la oportunidad de mejorar. De toda la ciudadanía depende seguir creyendo en las utopías anticapitalistas, pues, aunque inexactas en lograr sus objetivos, son el motor más seguro hasta ahora para avanzar hacia un futuro diferente.


Bibliografía:

Robert Castel, Guillermo Rendueles, Jacques Donzelot y Fernando Álvarez. (2006). Pensar y Resistir. Madrid, España: Círculo de Bellas Artes.

Zygmunt Bauman. (2017). Vida Líquida. Barcelona, España: Austral.

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Comentarios

  1. Primero que nada, tu blog está hermoso se nota el esfuerzo que le has dedicado y que eres un hombre que desborda conocimiento. 
    La pregunta que quería hacerte era cuál crees que deba ser la solución para poder encaminarse a un futuro en que se pueda cuidar el medio ambiente y a la población misma, sin tener que elegir entre la escasez de muchos para el lujo de unos pocos.

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    1. Gracias por el comentario. Tu pregunta resulta muy complicada, y no se si me atrevo a responderla en unas líneas.

      Lo que es evidente es que la escasez de recursos y en general la crisis climática nos va a obligar a relacionarnos con nuestro entorno natural y social de manera diferente. Los retos venideros marcaran la hoja de ruta política que atisbo que será impredecible. Lo que si que tengo claro es que habrá una necesidad de decrecimiento a todos los niveles. Estamos sobrexplotando el planeta y esto a su vez genera explotación sobre poblaciones.

      Creo que tenemos por tanto dos opciones: Optar por unas políticas de sostenibilidad ambiental (y por supuestos social; donde el feminismo y la igualdad social en todas sus facetas tienen mucho que decir).

      O en segundo lugar, seguir con la hoja de ruta neoliberal, en este caso, la degradación continuará, la desigualdad y la problemáticas sociales aumentarán y con ello la represión sobre la ciudadanía también.

      Saludos!

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  2. Felicitaciones Alvaro. Es un buen y prometedor inicio. De pronto podré colabora contigo. Radico en Perú y soy investigador social.

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    1. Muchas gracias! perfecto, toda colaboración es bienvenida, un saludo!

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