Hola, Mundo: El capital como fuerza de obsolescencia planetaria
Foto titulada “Hola, Mundo” realizada por el astronauta Reis Wiseman (2026).
La nave Artemis II despegó el pasado 1 de abril hacia las estrellas. En esta nueva misión, después de décadas, la NASA pretende orbitar la luna con una tripulación. El objetivo final se dará en la Artemis III, programada para 2028, donde se pretende hacer un nuevo alunizaje.
La imagen de la nave siendo eyectada del Kennedy Space Center es sin duda un impactante fotograma que evidencia cómo la especie humana se vertebra con aquello que solemos denominar tecnología. Sin embargo, seguramente la fotografía (al menos de momento) que la misión Artemis nos regala como una captura de luz sublime de nuestra existencia es la que el astronauta Reid Wiseman realizó desde la nave el 3 de abril1. Mientras escribo estas líneas (4 de abril a las 19 horas y 28 minutos) la tripulación ya habrá superado con creces los 228.500 KM de La Tierra, y estará más próxima de hecho a la luna que al planeta Tierra.
Cuándo observamos la canica azul, de nuevo, fotografiada por la mano de una persona, se nos vienen recuerdos retrofuturistas de la época de la carrera espacial entre la URSS y EEUU. Qué curiosa es la dimensión de interrelación subjetiva a nivel sociológico entre el espacio y el tiempo. Cuándo esa foto se observa podemos interiorizar lo pequeños que somos frente al inmenso espacio de la canica azul, y frente al innombrable negro del espacio interestelar. En ese momento la memoria actúa, y podemos percibirnos fácilmente como un individuo minúsculo, una mota de polvo; aún yendo más allá, podemos comprender que somos una especie de primate sin importancia, al menos no de mayor importancia que todo lo que nos rodea.
La NASA ha titulado la foto mostrada en este artículo “Hola, Mundo”, sin embargo, el mundo va tan rápido y está tan engullido, violentado y amordazado por el realismo capitalista que ni siquiera podemos pararnos a reflexionar sobre las implicaciones filosóficas, incluso teológicas, de lo que podría implicar la exploración espacial más allá de las lógicas del capital.
Porqué aquí deberíamos pararnos y pensar ¿cuál es el motivo de que ahora haya nuevos intereses de ir a la luna? Sin duda, el beneficio económico. Y por supuesto les astronautes, ingenieres, físiques y demás científiques que colaboran y trabajan en la NASA, la ESA (Agencia Espacial Europea), la Roscosmos (agencia Rusa), o la CNSA (La agencia espacial China) viven en una paradoja graciosa. Mientras son la prueba viviente de la capacidad de cooperación entre las personas para llegar mediante la disciplina científica a logros y descubrimientos (no olvidemos que en la Estación Espacial Internacional Rusos y EEUU han colaborado y compartido espacio con relativa normalidad. No es el caso de China que fue vetada por EEUU a través de la ley Wolf Amendment en 2011), también son el ejemplo viviente de cómo si seguimos organizándonos dentro de un sistema político-mundial basado en el capitalismo y el imperialismo hasta las cosas más maravillosas quedarán empañadas.
La misión Artemis II destapa tales contradicciones negativas si seguimos el rastro de su vinculación económica. De hecho se ha articulado en esa maravillosa fórmula denominada colaboración público-privada. En otras palabras, los magnates capitalistas han metido sus manos de lleno en la exploración espacial. Desde SpaceX, la empresa de Elon Musk, hasta Blue Origin, la empresa de Jeff Bezos, así como Boeing o Lockheed Martin. Todas ellas vinculadas al sector militar industrial norteamericano, con participación directa en las guerras anteriores y actuales, el genocidio en Gaza y la fabricación en general de tecnología de control, espionaje y muerte son las encargadas del desarrollo de gran parte de la tecnología requerida y utilizada en la misión Artemis II.
No negaré que se me desgarra el corazón al tomar conciencia de ello, al mirar la maravillosa foto titulada “Hola, Mundo” y que esta sea la realidad actual de la canica azul en la vivimos. Frente a la magnificencia del planeta, la maravillosa interdependencia de la naturaleza, la fuerza de la cooperación, frente a eso, tenemos a un sistema aupado en hombres muy pequeños y mezquinos, acomplejados señores de la guerra sedientos de sangre. Debemos pensar sobre ellos lo que Sócrates o Platón pensaban sobre los sofistas.
La ética intenta contestar a la pregunta sobre qué deberíamos hacer respecto al otro, respecto a nuestro congénere. La foto “Hola Mundo” nos lanza a la cara, como un tortazo, la necesidad de una ética planetaria y postcapitalista.
No somos algo separado ni único de ese punto azul pálido, no, somos esa misma sustancia spinozista que la realidad recubre. No es casualidad que Albert Einstein dijera que creía en el dios de Spinoza2. No es casualidad tampoco que incluso en uno de los momentos más delicados del último siglo, la evidencia de la fuerza que tenemos como especie si conseguimos anteponernos a los intereses de la minoría burguesa es tan infinita como el propio cosmos. Si os dais cuenta, en lo logrado por la NASA lo único prescindible son los magnates tecnológicos que están lucrándose y pretenden lucrarse en un futuro (así es pretenden sacar rédito económico de los recursos lunares).
Además, si seguimos con la cuestión ética, la foto tomada desde arriba, desde lo más arriba que podemos imaginar, inevitablemente nos lleva al suelo de Gaza o de Irán. Nos lleva sin fisuras, de la única manera más vertiginosa para nosotros que la luz, la memoria, hacia las ejecuciones del ICE, las muertes de migrantes en el mediterráneo, los ecosistemas asfixiados, las comunidades hambrientas, la violencia de un mundo tan precioso y a la vez tan poco vivible.
Para Donald Trump, el movimiento MAGA, las Big Tech y su ilustración oscura la democracia se queda corta, los derechos humanos son un obstáculo buenista para el progreso y al avance de la necesaria revalorización del capital. Su proyecto está en contra de literalmente toda la humanidad.
No hay que olvidar que una de sus intenciones es superar el Tratado del Espacio Ultraterrestre3, que fue elaborado por las Naciones Unidas en 1967 con el objetivo de prohibir que países e individuos posean propiedades en el espacio. Prohibiendo además la militarización del espacio ultraterrestre, así como las pruebas de armas y las bases militares en la zona (Horvat, 2022).
El filósofo Gunther Anders ya se adelantó a los acontecimientos desarrollados actualmente en su obra La vista desde la Luna: Reflexiones filosóficas sobre los viajes espaciales (1968)4. Anders miraba con acertado temor la carrera espacial y los primeros pasos de la especie humana en la luna, que acabó atestiguando dicho acto con la bandera estadounidense clavada en aquél nuevo páramo blanco. No podría haber un gesto más claro, un acto más asquerosamente nacionalista y reduccionista que hablar en nombre de la humanidad con ese símbolo imperialista. La luna se había convertido en otro terreno virgen al que conquistar.
Además, otro de los rasgos preocupantes que Anders denunció en su otra y posterior obra relacionada La obsolescencia del hombre: Sobre la destrucción de la vida en la época de la tercera revolución industrial (1956 vol I - 1980 vol II) fue las implicaciones en el campo de la ciencia a nivel de supuesta (independencia) que esta debía tener en su lógica de desarrollo. La ciencia, bien entendida desde los valores ilustrados, debe buscar el secreto, desvelar el misterio: “la verdad os hará libres” es una de las premisas más universales que jamás se han formulado y la ciencia en su origen más primigenio la hacía suya.
Sin embargo, la carrera espacial de carácter imperialista en la Guerra Fría, y en la actualidad, sumado a las lógicas extractivistas de empresas como SpaceX, lo que hacen es pervertir la ciencia a tales magnitudes que cada representante de ella debería profesar un odio profundo a dichos agentes del poder económico-burgués.
Lo que Anders quería decirnos es justo lo que nos está ocurriendo ahora: la ciencia bajo la lógica capitalista olvida la razón, incluso la verdad, adquiriendo una forma instrumental encabezada siempre hacia el nuevo nicho de mercado al que sacar rédito económico.
El filósofo croata Srećko Horvat, fiel lector de Anders nos comenta sobre lo dicho:
Para figuras como Musk y Bezos —los nuevos conquistadores del espacio—, es precisamente esta noción de la obsolescencia de la Tierra la que se ha convertido en el criterio existencial. Necesitados de nuevos recursos para extraer, acumular y obtener beneficios, buscan colonizar el espacio, incluso si el precio es la destrucción de la Tierra5.
La Tierra, con toda su magnificencia, con todo ese sublime esplendor que vemos en las maravillosas fotos hechas por Wiseman, se queda pequeña y obsoleta para estos magnates vampíricos. Lo cierto es que no hay un insulto ni un crimen más grande que el de esta clase de individuos hacia la especie humana, y en realidad hacia toda forma de vida pertenenciente a la totalidad terrestre. Es algo equivalente a las peores traiciones mitológicas.
Cuando miramos la fabulosa foto de “Hola, Mundo”, se abre indispensablemente la cita con nuestro destino. No podemos eludir nuestra responsabilidad ética. No podemos eludir el mundo tan cruel que hemos creado. De nosotres depende que las generaciones que aún no han nacido miren ese punto azul pálido y no sientan la paradoja entre la sublime belleza y el horror perpetrado que ahora inevitablemente no asola:
Y eso está, en verdad, injustificado. Claro que hay culpables actuales. Precisamente porque, por poco clara que haya sido hasta hoy la imputación, sólo ahora empieza la cuestión real de la culpabilidad. Sólo ahora, porque sólo ahora sabemos lo que significa la bomba. Por inocente que haya podido ser uno hasta ahora, será culpable si no abre los ojos a quienes aún no ven y no aturde los oídos de quienes aún no comprenden. La culpa no está en el pasado, sino en el presente y el futuro. Culpables son no sólo los posibles asesinos, sino también nosotros, los posibles morituri.
Gunther Anders6
Todas las imágenes del texto pueden encontrarse en la página oficial de a la NASA: https://www.nasa.gov/images/
Spinoza nos otorgó ya en el siglo XVII una obra profundamente racionalista, pero también humana y ética, donde abordó con sinceridad una crítica de la trascendencia del humano hacia mundos divinos. https://substack.com/@sociologiainquieta/p-179041166
Más información: https://es.wikipedia.org/wiki/Tratado_sobre_el_espacio_ultraterrestre
Gunther Anders: La vista desde la Luna: Reflexiones filosóficas sobre los viajes espaciales (1968).
Colonizar el espacio para destruir la Tierra: https://jacobin.com/2022/07/colonization-space-exploration-moon-gunther-anders-privatization-earth-destruction
Gunther Anders La obsolescencia del hombre: Sobre la destrucción de la vida en la época de la tercera revolución industrial (1956 vol I - 1980 vol II).









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