EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA DIVERSIDAD FUNCIONAL, LOS MODELOS HISTÓRICOS

SOCIOLOGÍA DE LA DISCAPACIDAD




El concepto de discapacidad se presenta de una manera diferente dependiendo del enfoque. La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2019) define la discapacidad desde una mirada multidimensional, usando tanto el paradigma bilógico-médico como el psico-social, presentando esta definición:

Discapacidad es un término general que abarca las deficiencias, las limitaciones de la actividad y las restricciones de la participación. Las deficiencias son problemas que afectan a una estructura o función corporal; las limitaciones de la actividad son dificultades para ejecutar acciones o tareas, y las restricciones de la participación son problemas para participar en situaciones vitales. Por consiguiente, la discapacidad es un fenómeno complejo que refleja una interacción entre las características del organismo humano y las características de la sociedad en la que vive. Organización Mundial de la salud (2019). Recuperado de https://www.who.int/topics/disabilities/es/.

Asimismo, para entender los diferentes enfoques que aborda el concepto de discapacidad, hay que referirse a tres paradigmas predominantes: El paradigma tradicional o de prescindencia, el paradigma de la rehabilitación y el paradigma de la autonomía personal (Díaz, 2009).

EL MODELO TRADICIONAL


En primer lugar, el paradigma tradicional también llamado paradigma del sometimiento o la marginación, explica la discapacidad a través de una relación causal de esta con elementos míticos

De este modo, el conjunto normativo, social y relacional dentro de este modelo enfoca la diversidad funcional como algo indeseado y que es conveniente suprimir

Esta manera de lidiar con la discapacidad provoca que las personas discapacitadas se sientan apartadas, marginadas, rechazadas y en una posición social inferior de las personas no discapacitadas (OED, 2017).

El modelo descrito en el párrafo anterior hace referencia a la visión frente a la discapacidad que predominaba durante la Antigüedad y la Edad Media. El trato que recibían las personas con discapacidad en esta época era la prescindencia. Es decir, se intentaba evitar que la discapacidad estuviera presente en la vida social. 

En muchas polis griegas como en Esparta o Atenas se llevaban a cabo infanticidios sobre los recién nacidos que presentaban algún síntoma de malformación o de diferencia congénita. Todo esto, se debe entender dentro del contexto de la época, donde los conflictos bélicos eran cotidianos. 

De esta manera, el misticismo y el utilitarismo se entrelazaban para justificar esta lógica homicida o en el mejor de los casos marginal. Por tanto, se daba por hecho que las vidas de estas personas era un símbolo de castigo divino y que su capacidad para aportar algo a la comunidad era nula, siendo una solución al conflicto la negación de la vida. Además, cabe decir que las personas que lograban sobrevivir aun con su discapacidad eran sometidas a la marginación, muchas exhibidas como una celebridad en cortes de gente noble o condenadas al ostracismo dentro de sus familias, siendo objeto de burla o marginación a lo largo de su vida (Velarde, 2011).

No obstante, la llegada del cristianismo produce un cambio importante en cuanto a la vida de los discapacitados, ya que la religión cristiana condena el infanticidio. De esta forma, se produce un cambio de modelo desde el submodelo eugenésico de la Edad Antigua al submodelo de la marginación originario de la Edad Media (Velarde, 2011).

El denominado submodelo de la marginación se caracterizaba por la exclusión de las personas con discapacidad, ya no se les privaba de la vida. Sin embargo, se les percibía con un alto grado de inferioridad y se consideraba el trato con ellas por parte de la sociedad como un acto caritativo. En principio, este tipo de respuesta da a entender que la exclusión es una solución frente a los discapacitados, esta actitud genera una mayor tranquilidad a la comunidad. A pesar de esto, como ya se ha nombrado antes, los discapacitados subsisten en una situación de marginalidad social. Es decir, a través de la caridad y mendicidad y participando como objeto de diversión en ciertos contextos (Velarde, 2011).

Es a través de este modelo y a través de los postulados cristianos cuando se promulgan las primeras leyes en contra del infanticidio y la venta de niños esclavos. En el seno de esta religión encontramos un nuevo acercamiento a la gente discapacitada, visibilizados como objetos donde se puede ejercer caridad y donde el propio Jesús la demuestra:

El cristianismo asigna a la diversidad funcional una finalidad divina, y proporciona una prueba    llevando a cabo una curación instantánea por medio de la cual se manifiesta el poder y la misericordia de su Padre (Palacios, 2008: 55).

EL MODELO MÉDICO O REHABILITADOR


A inicios del siglo XX surge un nuevo cambio de paradigma producido en su gran parte por la Primera Guerra Mundial, el avance científico y por los movimientos sindicales y obreros. Los cuales, desembocaron en un auge de la legislación laboral. 

En este contexto, ya no se da una explicación religiosa sobre las causas de la discapacidad, se empieza a entender la diversidad funcional en término de salud o enfermedad. Esta transformación propicia un cambio de mentalidad frente a la percepción social de las personas discapacitadas, ya no se distinguen como inútiles, tienen la posibilidad de sumar socialmente, bien es cierto, que siempre con la concepción que debían “curarse, rehabilitarse o normalizarse” (OED, 2017).

De esta forma, la personas con discapacidad por primera vez se consideran ciudadanos y ciudadanas. Es decir, parte de la sociedad y pertenecientes a una comunidad, considerándoles por primera vez individuos útiles. Sin embargo, siempre con la condición de que sean rehabilitados. De esta manera, surge un problema en cuanto a la realización de una vida plena para el ciudadano o la ciudadana que tiene una diversidad funcional, ya que está totalmente supeditado a las pautas marcadas por la sociedad en general y en particular por las instituciones científico-médicas (OED, 2017).

Por otra parte, el cambio de paradigma representa una gran mejora en la calidad de vida de las personas con diversidad funcional. A través de la rehabilitación, el estado ejerce de figura protectora habilitando los pertinentes tratamientos y mejorando las condiciones de vida y salud de este colectivo. Al hacerse cargo el estado de las personas con diversidad funcional, empiezan a surgir las primeras políticas públicas, las cuales dotan de medios y personal de atención a las personas con discapacidad. 

Asimismo, la vida del discapacitado cobra sentido a través del objetivo de la rehabilitación. El empleo protegido y las ayudas provenientes de la seguridad social pasan a ser los principales sustentos de las personas con diversidad funcional. Por ende, la asistencia social pasa a ser el primer medio de manutención, en muchos casos esto se debe a la imposibilidad de realizar ciertos trabajos, pero en otros muchos, es causa de la subestimación y de la exclusión en el mercado laboral que sufren gran porcentaje de personas con diversidad funcional, incluso frente a trabajos que pueden hacer de una manera correcta (Palacios, 2008).

Por tanto, aunque la calidad de vida de las personas con discapacidad haya avanzado a pasos agigantados de un modelo tradicional al modelo rehabilitador, la discriminación y la visión de las personas con diversidad funcional continua a través de este modelo, es decir:

El tratamiento impartido a las personas con discapacidad desde este modelo se basa en una actitud paternalista, producto de una mirada centrada en la diversidad funcional, que genera subestimación y conlleva a la discriminación (Palacios, 2008: 90).

EL MODELO SOCIAL


Este modelo se encuentra vinculado a las Ciencias Sociales y critica al paradigma médico dando forma a un debate actual.

Los principales presupuestos del modelo social afirman que la discapacidad es originada en su mayor parte por causas sociales, y que las limitaciones en las que hay que centrarse no son las del individuo con diversidad funcional sino las de la sociedad, refiriéndose a la capacidad de esta para generar un contexto donde las personas con discapacidad se consideren parte igualitaria dentro de la estructura social. Es decir, en palabras de Palacios:

…partiendo de la premisa de que toda vida humana es igualmente digna, desde el modelo social se sostiene que lo que puedan aportar a la sociedad las personas con discapacidad se encuentra íntimamente relacionado con la inclusión y la aceptación de la diferencia (Palacios, 2008: 104).

Así pues, este modelo tiene una gran relación con los movimientos de lucha por los derechos civiles de las personas con discapacidad, dando voz a las diversas quejas y necesidades exigidas por personas con diversidad funcional. Por tanto, el foco tradicional de la discapacidad cambia de objetivo con esta visión, centrándose en lo social y alejándose de lo individual:

“En lugar de entender la discapacidad como una carencia de la persona que se debe remediar en pos de la inserción, se pasa a mirar las deficiencias como un producto social, resultado de las interacciones entre un individuo y un entorno no concebido para él (Velarde, 2011: 128).

Asimismo, este paradigma no busca la rehabilitación individual de las personas con diversidad como único fin. También pone énfasis en la sociedad como el lugar concreto donde se tienen que dar las medidas (sin excluir a las médicas) para hacer frente a la discriminación por discapacidad, pero profundizando en las medidas sociales para crear un contexto que tenga una cualidad integradora, que sepa gestionar las diferencias, y que no fomente la segregación ni el señalamiento con sus acciones. En resumidas cuentas, que sea una sociedad inclusiva (Díaz, 2009).

CONCLUSIÓN

Así pues, como se ha comprobado en párrafos anteriores, los enfoques presentados son claramente antagónicos, por ende, si solo se tiene en cuenta un modelo u otro por separado la concepción de discapacidad queda sesgada e incompleta. 

De esta manera, multitud de investigadores en la temática se apoyan en la necesidad de hacer una conceptualización de carácter relacional e integrador de los diferentes paradigmas, proponiendo un modelo bio-psico-social o de integración.

Este mismo modelo busca superar las imparcialidades y los sesgos explicativos que tienen el modelo médico y el modelo social por separado (OED, 2017). Además, ha sido el modelo en el que se ha basado la CIF (Clasificación Internacional del Funcionamiento y de la salud), que fue aprobada en el seno de la Organización Mundial de la Salud en 2001 para definir la discapacidad como:

Un compuesto donde entran en interacción tanto los factores individuales de cada persona (deficiencias, limitaciones y restricciones en la participación) como los factores contextuales (barreras y obstáculos) que ejercen efectos sobre la condición de diversidad funcional del individuo (OMS, 2001).

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Bibliografía:

LIZAMA, V. V. (2012). Los modelos de la discapacidad: un recorrido histórico Models of Disability: a Historical Perspective. REVISTA EMPRESA Y HUMANISMO, VOL XV (Nº 1), 115-136.

ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS. (2006). Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad y Protocolo Facultativo.

Organización Mundial de la Salud. (2001). Clasificación Internacional del Funcionamiento de la Discapacidad y de la Salud.

Velázquez, E. D. (2009). Ciudadanía, identidad y exclusión social de las personas con discapacidad. Universidad Complutense de Madrid, Madrid.

Palacios, A. (2008). El modelo social de discapacidad: orígenes, caracterización y plasmación en la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacida. COMITÉ ESPAÑOL DE REPRESENTANTES DE PERSONAS CON DISCAPACIDAD (CERMI).

Observatorio Estatal de la Discapacidad. (2017). Las personas con discapacidad residentes en el Medio Rutal: situación y propuestas de acción. Observatior Estatal de Discapacidad (OED), España.

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