Tolkien y Marx: el fetichismo, la alienación y el materialismo en la Tierra Media

 Tolkien y Marx: el fetichismo, la alienación y el materialismo en la Tierra Media


El anillo único forjado por Sauron encima de una de las páginas de la Comunidad del Anillo. Autor: Zanastardust (2006). Fuente: Wikimedia. Licencia: CC-BY-2.0.

La obra literaria de J.R.R Tolkien encabezada por su novela El Señor de los Anillos(1954) se ha hecho un hueco en el Partenón de la literatura universal, siendo la obra cumbre en el género de literatura fantástica y uno de los libros más reconocidos de la literatura inglesa y mundial.

En el presente texto analizaremos desde el punto de vista de la teoría sociológica los paralelismos de Tolkien con algunos conceptos planteados por el filósofo y economista Karl Marx; hablaremos de fetichismo, enajenación, alienación y materialismo, observando como estos dos autores tienen más puntos de encuentro de los que en un primer lugar aparentan.

Tolkien y Marx: el fetichismo como un concepto clave

El fetichismo se define en su término más básico como la devoción hacia determinados objetos materiales, los cuales son llamados fetiches. Tanto los amuletos como otros objetos que son considerados sobrenaturales son ejemplos de fetichismo.

El término fetiche ha ido evolucionando a lo largo de la historia adquiriendo gran número de matices. En su origen, el vocablo fetiche proviene de la palabra portuguesa “feitiço” que se traduce al español como hechizo.

Posteriormente, esta palabra fue usada por el erudito francés Charles de Brosses en 1757.

Después de Brosses, este concepto ha sido rescatado y matizado por otros pensadores como Sigmund Freud, que describía el fetichismo como una parafilia donde una parte del cuerpo concreta se convierte en el centro del deseo sexual de alguien, separando esta parte de la propia persona particular y otorgándole una especie de entidad separada del propio cuerpo al que pertenece.

Por otra parte, Marx también utilizó el término fetichismo de la mercancía. El alemán plasmó por primera vez este concepto en su obra El capital (1867): 

Marx hace referencia al fetichismo de la mercancía para describir un proceso en el cual, las personas tienen una percepción falsa e ilusoria sobre los objetos/mercancías y las relaciones de producción.

En una sociedad de producción masiva de mercancías como el capitalismo, los productos son dotados por nuestra percepción de un aura sobrenatural o fantasmagórica, adquiriendo una voluntad independiente de quienes los han producido. Esto a su vez, oculta la explotación a la que es sometido el proletariado, ya que la mercancía se nos presenta a los consumidores ocultándonos el proceso de explotación.

"El carácter misterioso de la forma mercancía estriba, por tanto, pura y simplemente, en que proyecta ante los hombres el carácter social del trabajo de éstos como si fuese un carácter material de los propios productos de su trabajo, un don natural social de estos objetos y como si, por tanto, la relación social que media entre los productores y el trabajo colectivo de la sociedad fuese una relación social establecida entre los mismos objetos, al margen de sus productores".


K. Marx El Capital, Libro primero, Volumen I, Sección I, Cap. I, La Mercancía.

 

Ejemplos de lo que describía Marx los podemos observar a todas horas en los anuncios de televisión, donde vemos a personas acariciar, hablar o incluso suspirar por los productos anunciados, siendo esto una prueba de como tratamos a las cosas como si tuvieran vida propia. 

La aceña de Sarehol que sirvió a Tolkien como inspiración para  la fábrica construida durante la invasión de La Comarca por el mago Saruman. Autor: Osoom  (2006). Fuente: Wikimedia. Licencia: (CC-BY-SA 3.0)


Marx y Tolkien: e
l paralelismo a través del fetichismo

El anillo de Sauron es un fetiche en toda regla. Por un lado, es una parte del cuerpo de Sauron separada de este. En concreto, parte de su alma o su poder espiritual.

Por otra parte, el anillo tiene propiedades sobrenaturales, tiene poder, alma y vida propia, no es simplemente un anillo. Al igual que en la sociedad de consumo una mesa no es simplemente una mesa, sino una mercancía que está rodeada de atribuciones e ideas que escapan a su condición material de mesa y la fetichizan.

En la Tierra Media, el mundo donde transcurre la novela de El Señor de los Anillos, absolutamente todos los personajes (exceptuando Tom Bombadil), son como mínimo seducidos por el fetiche del anillo, incluso Aragorn, Faramir, Sam o el propio Gandalf, siendo personajes con una gran fuerza de voluntad (algunos de ellos ni siquiera están en contacto directo con el anillo) se ven seducidos igualmente.

Dibujo de Odín en su forma de vagabundo: El dios nórdico Odín fue una de las figuras en las que se basó Tolkien para crear al mago Gandalf. Autor: Georg Von Rosen (1886). Dominio Público


De esta manera, Tolkien nos presenta un mundo donde el poder del anillo en forma de fetiche es omnipresente, y, por tanto, el mal está impregnado en las raíces más antiguas de la Tierra Media.

Pero justamente que este mal provenga del fetichismo, nos indica como los habitantes de la Tierra Media viven en una especie de enajenación/alienación, al igual que los individuos que formamos parte de la economía capitalista moderna según Marx.

El concepto de alienación, es un término vital para el pensador alemán: De esta manera, en el trabajo artesanal el artesano participaba plenamente desde que tenía una materia prima hasta que la misma a través del proceso productivo se convertía en mercancía. Pero esto cambia con el trabajo industrial, ya que el propio trabajador pierde el control sobre la mercancía final que se obtiene en el proceso productivo, y justamente esto, es el resultado de la alienación en el trabajo.

Es decir, el producto pasa a dominar al trabajador, el trabajador pasa a ser una parte más de la cadena de producción capitalista y se transforma en un siervo del objeto que antes producía en su totalidad el mismo. 

Por tanto, Marx concebía la alienación como una parte central de un sistema de desigualdad social y explotación que se vertebraba en el capitalismo. Es decir, las personas viven alienadas y bajo la explotación del propio sistema y, en cierta manera, son inconscientes de su condición de explotadas.

De esta forma, no estoy argumentando que Tolkien defienda los postulados marxistas, ideológicamente Tolkien y Marx estaban en muchos aspectos en las antípodas. Sin ir más lejos, Tolkien era un ferviente creyente católico, mientras que Marx repudiaba la religión y la acusaba de ser una pieza clave en cuanto a la alienación de la sociedad, pues para Marx “la religión es el opio del pueblo”.

Tolkien nos presenta un punto de vista totalmente contrario en cuanto a la religión, donde esta es un camino y una guía para encontrar la paz moral y espiritual.

Sin embargo, existe una clara evidencia de como Tolkien a través de la metáfora del anillo realiza una clara alegoría crítica a las tendencias económicas y materialistas del capitalismo industrial de su época.

Siendo, por tanto, Tolkien y Marx críticos al capitalismo uno desde la tradición y el otro desde la teoría económica marxista.


Colina de Hobbiton. Autor: Tara Hunt (2007). Fuente: Flickr. Licencia: (CC-BY-SA 2.0)

La solución a la alienación según Tolkien y Marx: el objetivo de una sociedad mejor 

Resumiendo, y simplificando mucho: Marx nos marca el camino hacia un paraíso en la tierra a través de la revolución del proletariado, el posterior paso al socialismo, la socialización de los medios de producción y la instauración del comunismo con la pertinente abolición de las clases sociales.

Por otro lado, Tolkien también nos indica de manera clara la forma de acabar con la enajenación que sufren los habitantes de la Tierra Media:

En primer lugar, para Tolkien los objetos son eso, objetos, y nada más, y son juzgados por su utilidad. Incluso los regalos mágicos de Galadriel como la cuerda élfica, el pan de lembas o la luz de Earendil, son objetos valiosos por su utilidad; protección, saciar el hambre, escalar obstáculos, etc.

Una vez se sale de la comarca la cantidad de objetos narrados en la historia son pocos, pero de gran valor, y un valor que es atribuido a lo útiles que pueden ser esos objetos (sean mágicos o no).

Tolkien da mucha más importancia en su relato a los lugares, los pueblos y las criaturas, dejándonos claro que las vivencias tanto individuales como colectivas, así como los sitios donde ocurren estas vivencias (los espacios sociales) son las cosas realmente importantes, y en este caso, como es evidente, están por encima de los objetos inertes (aunque sean mágicos).

Es por esto mismo, que el anillo es una perversión en sí mismo, pues representa la encarnación del materialismo a través de un fetiche que engloba todo lo maligno de la Tierra Media.

Así pues, la historia de la Comunidad del Anillo no es otra que un viaje que tiene como objetivo plantar cara al fetichismo creado por el anillo único de Sauron. Un objeto que ha alienado a todas las razas de la Tierra Media, y que la Comunidad busca destruir para así restaurar las relaciones entre las personas y las cosas.

Hay que tener en cuenta, que, en muchas historias y epopeyas fantásticas, la trama consiste en la apropiación del héroe sobre un objeto fetichizado, ya sea un anillo mágico, una espada, un tesoro, una gema… pero El Señor de los Anillos es una historia singular y presenta un argumento contrario, pues la historia gira justamente en torno a la destrucción de este objeto fetiche (el anillo único forjado por Mairon/Sauron).

Dibujo basado en Sauron, el antagonista de la novela de Tolkien. Autor: Hersson Piratoba (2013). Fuente: Flickr. Licencia (CC-BY-NC-ND 2.0)


De esta forma, Tolkien nos está enseñando el camino que el cree correcto para salir de la enajenación y del embrujo materialista de la sociedad capitalista industrial, y para él este camino es la renuncia.

Tanto Bilbo cuando renuncia a su casa y a todos sus bienes materiales para poder dejar el anillo y partir a Rivendel, como Frodo que resigna de una vida en La Comarca por ser el portador del anillo, ambos realizan actos de renuncia material.

De este modo, Tolkien nos demuestra como para él la renuncia a una vida poderosa y ostentosa acosta de los demás (poder que garantiza el anillo) es el camino para llevar una vida plena, digna y moralmente buena; renunciando a las grandes riquezas, lujos, fetiches y abrazando la sencillez de la vida, apoyándose así en la valentía de las pequeñas acciones humildes y cotidianas. Como dice Gandalf en una conversación con la Elfa Galadriel:

-Mithrandir. ¿Por qué el Mediano? (Galadriel).

- Eso no lo sé. Saruman piensa que sólo grandes poderes pueden tener al mal controlado. Pero eso no es lo que he aprendido. Yo he encontrado que son las cosas pequeñas, los actos cotidianos de personas ordinarias los que alejan a la maldad. Los simples actos de gentileza y amor. ¿Por qué Bilbo Bolsón? Tal vez sea porque tengo miedo. Y él me inspira valor (Gandalf).

Monte Cook en Nueva Zelanda: Caradhras en la película El Señor de los Anillos. Autor: Sami Keinanen (2004). Fuente: Flickr. Licencia: (CC-BY-SA 2.0)


Tom Bombadil: un personaje de Tolkien que se llevaría bien con Marx

Tom Bombadil es uno de los personajes más icónicos y controvertidos de Tolkien, pues existe una gran cantidad de teorías sobre quién es realmente Tom (Lo cierto es que fue muy criticada su ausencia en las películas, posiblemente con razón).

Tom Bombadil es un personaje que ayuda a Frodo, Merry, Pippin y Sam durante su viaje fuera de La Comarca, salvándoles del Viejo Hombre-Sauce (un árbol encantado con muy mala baba) y dándoles cobijo en su hogar en el corazón del Bosque Viejo.

Dibujo de Tom Bombadil. Autor: Ape Lad (2008). Fuente: Flickr. Licencia: (CC-BY-NC-ND 3.0) 


Aunque con una apariencia gentil, con cara rechoncha, una gran barba y un gorro azul. Bombadil es un ser mágico de gran poder, es capaz de coger el anillo e incluso ponérselo y no verse afectado por él.

El propio Tom Bombadil trata el anillo con poco respeto, en realidad lo que hace es ver al anillo como lo que es, un anillo bonito y nada más. Esta actitud esconde una clave en el trasfondo de la historia: la manera de ser de este personaje le permite escapar del fetichismo del anillo y le da la capacidad de no ser tentado por él.

Tom es el señor de la madera, del agua, del Bosque Viejo, pero no es poseedor de nada, más bien forma parte y es la representación en armonía de ese lugar, un sitio que es el paraíso ideal de Tolkien, y que representa la actitud moral del autor frente al materialismo de su época, como afirma la Teóloga Alison Milbank:

Hay en Bombadil un elemento alegremente ficticio y fantástico, y esto nos dice que también nosotros podemos transformar nuestro mundo en un mundo encantado en el que veamos las cosas como realmente son: los anillos como trozos bonitos de metal brillante, y los hombres y las mujeres como personas totalmente reales y, por ende, totalmente misteriosas (El Señor de los Anillos y la Filosofía. p.64).


Bibliografía

El Capital. Karl Marx. Editorial Pluton (2017)

El Señor de los Anillos y la Filosofía. Gregori Bassham y Eric Bronson. Editorial Booket (2012)

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