Un autobús rumbo a la sociología

Cualquier sitio puede ser una fuente de conocimiento social 

El lunes me resulta un día especialmente pesado, la obligación constante de ser productivos me martillea en la cabeza como síntoma inequívoco de la autoexplotación. Como muchos lunes tengo que esperar unos eternos minutos en la parada de autobús hasta que mi transporte cotidiano haga acto de presencia.

Por cierto, soy sociólogo, en sentido literal, forma parte de mi identidad. A muchas personas su formación no las define para nada, sin embargo, yo tengo la fortuna y la maldición de que lo que llevo estudiando desde hace ya unos 9 años es una piedra angular de mi persona. Quizá sea ejercer la vocación el engranaje para salir de la alienación y labrarse una identidad sólida en este mundo lleno de trabajos muy productivos pero mortales para uno mismo.

En la parada del autobús por suerte o por desgracia yo no solo veo personas, la sociología me coloca unas gafas que se hacen cada vez más grandes, a veces puedo desconectar de esa visión, pero otras, me dejo llevar hacia reflexiones sobre lo que entendemos como “común” que quizá, en ocasiones, me acerquen a entender mejor la complejidad que nos rodea.

En una parada de autobús una sociólog@ no verá jamás solo personas, pues si viera solo esto no sería sociólog@, verá dominación, acción social, dispositivos de poder, racismo, machismo, clases sociales, solidaridad, conflicto… verá la sociedad o un pequeño reflejo de lo que sus inercias muestran.

Las relaciones sociales lo impregnan todo y se reflejan en nosotros como un mapa: la ropa, los gestos, la manera de hablar e incluso las características físicas están directamente relacionadas con lo social, pues las construcciones sociales, lo que la sociedad muestra como “natural” o como “norma”, son el génesis por el cual nosotros y nosotras diferenciamos y nos comportamos de manera diferente sobre unas características personales, incluso sobre unos rasgos físicos determinados.

Hoy en el autobús me he fijado en una mujer de origen latinoamericano, no sé de que país vendrá, pero su uniforme delataba que trabaja en una empresa de limpieza, una de tantas que explota a mujeres, especialmente inmigrantes latinoamericanas. La precariedad se dibujaba en su rostro y sus manos, los gestos de su cuerpo reflejaban horas de trabajo aguantados con dignidad. Me recuerda a mi madre, ella lleva muchos años trabajando en este sector, sin el trabajo de mis padres no estaría en este autobús camino de la universidad jugando a ser sociólogo, soy un afortunado.

El autobús en marcha dibuja un incesante paisaje en mi mente que he memorizado con precisión, los diferentes pueblos que dibuja el trayecto hasta llegar a la capital muestran en el paisaje años de historia y potenciales contextos sociales sobre los que estudiar, los campos de naranjos se entrecruzan con los grandes almacenes, el mar choca con el gran espigón de casi un kilometro que tengo al otro lado. Cuando el autobús entra a la ciudad los hipermercados comparten espacio con los comercios locales, la iglesia se encuentra cerca de la universidad, el estadio de fútbol a sus espaldas representa un espacio ritual del que desde niño sigo fascinado, contrastes, desigualdad y conflicto, luchas de poder que crean nuestro mundo.

La gente camina apresuradamente por la calle, me abstraigo pensando en Bauman y su modernidad líquida, la prisa y el consumo lo envuelven todo. Bourdieu es otro de los compañeros de viaje habituales, la sutil dominación está en cada conversación, a veces me doy cuenta al instante, escucho ideologías y veo campos de poder en un gesto o una palabra, siempre estoy alerta, siempre hay algo que deconstruir, no me cansa, es adictivo.

La televisión del bar donde suelo comer es un auténtico hervidero de discursos reaccionarios, la gente a normalizado consumir ignorancia, sesgo y conservadurismo. Escucho enfadado como toreros opinan sobre el cambio climático y el machismo en una supuesta “tertulia democrática y objetiva”, junto a estos personajes de la farándula se sientan otros que se hacen llamar periodistas, mienten intencionadamente todos los días, no hay sociolog@s en la TV, y los pocos que hay no son muy dignos de la profesión. La gente compra comida basura y también información basura, creen entender todo a la perfección y yo cada año tengo la sensación de que estoy más lejos de la verdad. 

Vuelvo hacia la parada del autobús, tengo la convicción de que no me puedo limitar a ser sociólogo para mi mismo, tengo que contar lo que consigo entender gracias a mi formación, si la sociología me ha enseñado a conocerme a mi mismo, a quererme más, a querer mejor, esto significa que es una herramienta que puede transformar la sociedad.

En la pared hay una frase grafiteada: la prensa miente, los muros escupen la verdad, sonrío, se de que canción es. Vuelvo a reflexionar sobre cómo puedo hacer entender a la gente que hay otra manera de relacionarnos en sociedad, que hay que intentarlo. Mientras, un gran cartel de Inditex invade mi visión, lo controlan todo, es luchar contra gigantes.

A veces no me expreso muy bien hablando, escribo mejor, escribir me ayuda a ordenar ¿Un blog? ¿una novela? Yo he aprendido más con novelas que con otros libros, sino fuera por las novelas no habría llegado a donde estoy. Bien, escribiré una novela y haré un blog, las dos cosas. Me viene a la cabeza una frase de mi profesor de teoría sociológica, Rafa Xambó: Un sociólogo tiene que tener la ilusión de un niño y la serenidad de un anciano (o algo así, han pasado años, pero recuerdo el mensaje), me sirve, en realidad he envejecido bastante por culpa de la sociología, pero, sin embargo, por primera vez en toda mi vida, hay algo que me ilusiona.

 

PD: Dedicado a todas aquellas futuras sociólogas y sociólogos.

-Si os ha gustado el artículo os invito a que me sigáis en Twitter del autor: Álvaro Soler Martínez.


Comentarios

  1. Me ha gustado saber cómo ve un sociólogo la vida normal de cada día. Por cierto, yo tuve un profesor, Amando de Miguel, que me hizo amar la sociología y hasta aplicarla después en mi trabajo (primero como publicitario y después como periodista).

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    1. Me alegro Vicente, esa era la intención del artículo, aunque solo hablo por mi, seguramente otros sociólogos no lo vean como lo describo. Gracias por el comentario!

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