La normalización del miedo en el capitalismo

 La normalización del miedo en el capitalismo


El miedo se comunica a los demás a través del rostro. Imagen de la actriz Candace Hiligoss en la película Carnival of Souls.

Desde Sociología Inquieta se escribió hace poco un texto sobre la prisa como síntoma del capitalismoByun Chul Han afirma como hemos interiorizado las lógicas neoliberales en nuestros esquemas mentales, y eso nos convierte en seres que se autoexplotan de manera inconsciente. Un proceso que acaba generando angustia en nuestras vidas, una angustia generalizada, una angustia social. 

Por otro lado, Zygmunt Bauman habla de cómo sentimos que nuestra identidad se fragmenta y diluye por el consumo masivo, la volatilidad del trabajo y en general la inseguridad de un entorno social cada vez más rápido y cambiante. De esta manera, en dicho artículo vamos ampliar esta visión tratando otro ámbito vinculado a la prisa social, más bien una consecuencia de esta: el miedo.

 

Ulrich Beck y La sociedad del Riesgo

El sociólogo Ulrich Beck elaboró el concepto de La Sociedad del Riesgo para describir la fase de la sociedad actual donde los riesgos en el campo político, social, cultural, económico e industrial/tecnológico tienden a ser de carácter cada vez más global y, a su vez, se escapan del control y la gestión que deberían propiciar las instituciones modernas sobre ellos. 

De esta manera, los riesgos de la sociedad actual según Beck tienen ciertas características que los diferencian de los contextos de inseguridad de otras épocas. Esto mismo puede conducir a la población a sentir un miedo y una incertidumbre generalizada. Beck nos habla de ciertos factores globales que así corroboran su análisis: 

En primer lugar, los riesgos a los que se enfrenta la sociedad actual suelen ser en muchas ocasiones globales e irreversibles a corto plazouna catástrofe nuclear, el cambio climáticola degradación medioambiental, etc.

En segundo lugar, existe una especie de mercado económico del riesgo. Los más débiles, los que menos recursos poseen, siempre tendrán más riesgo de sufrir las consecuencias negativas de los acontecimientos globales. Por otra parte, los grupos que se encuentran en una posición social ventajosa podrán aprovecharse de las oportunidades del mercado y sufrir menos los riesgos y la incertidumbre. Esta característica provoca que la sociedad del riesgo sea una sociedad potenciadora de la desigualdad social.

En tercer lugar, Beck observa como la sociedad actual está en un proceso de incertidumbre protagonizado por un vacío político e institucional donde los movimientos sociales como el feminismo, el ecologismo o las reivindicaciones de autonomía territorial surgen como expresión crítica hacia las estructuras y relaciones de poder que se han constituido durante la modernidad.

En cuarto lugar, el sociólogo alemán también apunta a los cambios que la ciudadanía ha sufrido en la esfera del trabajo. En la actualidad, con el asentamiento de las políticas neoliberales de flexibilización de la economía, las cuales han afectado al trabajo tanto en sus formas como en sus condiciones, se han producido cambios profundos en las pautas de contratación.

Este proceso se ve reflejado en una flexibilidad laboral plasmada en el aumento de contratos temporales a tiempo parcial, los cuales han roto con la preponderancia de los contratos fijos en el mercado de trabajo, generando un mercado laboral más heterogéneo y provocando un aumento de la inestabilidad laboral.

Asimismo, Ulrich Beck describe una sociedad globalizada donde los riesgos también se han mundializado. El capital y sus lógicas han pasado a dominar todas las esferas de la vida: educación, ciencia, discursos, comunicación, derechos, etc.

En definitiva, Beck propone que es necesario realizar transformaciones profundas en el ámbito económico, político y jurídico para hacer frente a este nuevo contexto presentado por La Sociedad del Riesgo. El sociólogo considera que lo que ahora se percibe como externo a la sociedad, como puede ser el medio ambiente, hay que percibirlo como interno. Es decir, como algo propio, y que además el ámbito científico-técnico, que en gran parte provoca el problema, debe replantearse este asunto y convertirse en el punto clave de la solución (siendo este ejemplo extrapolable a las demás esferas; social, económica, política, etc.).

 

Los medios de comunicación y la sensación de miedo global

Detalle de Jinete sin cabeza persiguiendo a Ichabod Crane, de John Quidor, 1858.

Los medios de comunicación de masas como la televisión y la radio tienen la capacidad de llegar a una gran cantidad de personas de manera simultánea. De esta forma, su surgimiento supuso un cambio en cuanto a la comunicación política, social y cultural .

Además, con el surgimiento de la era digital, a los medios de comunicación masivos se les han añadido las redes sociales. Canales de comunicación aún más interactivos, igual o más masivos que los anteriores y, además, donde la sociedad civil tiene mucha más capacidad de participación directa. Es más que evidente que en este contexto, los hechos, noticias u acontecimientos que puedan generan miedo e incertidumbre acaben provocando aún más angustia por la capacidad de los medios de repetirlos y tratarlos de manera masiva y continuada.

En la actualidad, se observa como los medios de comunicación tienen una agenda mediática repleta de acontecimiento negativos. Acontecimientos que provocan miedo, pues son asesinatos, robos u otras catástrofes de todo tipo. Si bien es cierto que las noticias pierden su vigencia a los pocos días, la gran cantidad de relatos negativos que se escuchan cotidianamente a través de los medios generan una atmósfera de miedo e incertidumbre constante. Por no mencionar que, a menudo, estos hechos se aderezan de un sensacionalismo atroz, hasta el punto de prolongar desgracias todo lo posible con tal de buscar la tan ansiada audiencia. 

Un antes y un después en el mundo de los medios de masas significó el tratamiento que se le dio al Caso Alcàsser en España, donde el secuestro, tortura y asesinato de tres adolescentes fue sometido a una inquisición mediática sin precedentes en el año 1993.

De esta manera, en la Sociedad del Riesgo no solo aumenta el riesgo global, sino que también ha aumentado el conocimiento sobre posibles acontecimientos y amenazas. Un conocimiento que muchas veces juega en contra de la objetividad y acaba por generar más miedo o incertidumbre del que realmente hay. 

Por ejemplo, uno de los miedos más comunes de la gente es sufrir alguna agresión violenta o asesinato. No obstante, en España las personas asesinadas en 2019 fueron 332 (de una población de 47 millones de habitantes aproximadamente), lo que en términos estadísticos el riesgo es muy escaso. Sin embargo, la gran cantidad de espacio en los medios de comunicación que ocupan los asesinatos genera una sensación irreal de que es mucho más probable sufrirlo.

Así pues, este contexto donde el conocimiento de los riesgos se ha vuelto público y global provoca que el miedo y la incertidumbre vayan copando parte de la opinión y la atención pública.

En este caso, los postulados tanto provenientes de Beck como de Zygmunt Bauman y, en general de la sociología, no apuntan a un proceso conspirativo donde una voluntad quiera mantener el miedo en la población. Más bien se entiende que el aumento de la percepción del miedo es un efecto no calculado causado por el surgimiento de los medios de comunicación de masas y las redes sociales.

No obstante, sí existe un efecto oferta-demanda en cuanto al consumo de información ligada acontecimientos negativos o morbosos. Los espacios comunicativos han perfeccionado y observado como la audiencia consumía de buena gana productos informativos ligados a historias negativas. Esto ha generado que los medios de comunicación de masas se sumerjan en un proceso de exportación global del miedo. Al fin y al cabo, las malas noticias a menudo generan más interés que las buenas.

En la sociedad actual se ha empezado a dar por sentado que lo “normal” es recibir una oleada constante de noticias negativas, poco constructivas e incluso de corte amarillista relacionadas con asesinatos, violaciones, problemáticas ambientales, catástrofes, guerras, etc. dejando de lado en muchas ocasiones toda esa realidad existente que está repleta de acontecimiento positivos. Y, en muchos casos, sin exponer objetivamente toda la información sobre los sucesos, a menudo comprimidos en escasos minutos.


Byun Chul Han y Foucault: el poder omnipresente

El filósofo Michel Foucault hablaba sobre como el capitalismo moderno, un sistema encaminado a optimizar todos los procesos de la vida social, había desarrollado un poder de carácter omnipresente. El francés utilizaba la metáfora del Panóptico para describir esto. Es decir, una cárcel donde todos los presos tuvieran la sensación de ser vigilados constantemente. Por este mismo hecho descrito, todo el mundo decide no salirse de la norma. En pocas palabras, el capitalismo ha vuelto tan refinada y compleja su forma de ejercer poder que ya no le hacen faltas policías, nosotros y nosotras mismas somos los propios guardianes de nuestra celda.

Byung Chul Han adoptará esta visión de Foucault, pero irá más allá, indicando la mercantilización de la vida como la dimensión principal que moldea a los sujetos humanos. Una mercantilización que en este caso no puede explicarse únicamente desde el consumo y las pautas capitalistas, sino que más bien está ligada a la manera que tiene de ejercerse el poder en este capitalismo neoliberal. En definitiva, somos mercancías que se autocoinciben como empresas y ejercemos poder hacia nosotros mismos para autoexplotarnos en una espiral de productividad, estrés y competitividad que nos genera incertidumbre, extrañamiento, alienación, y sobre todo miedo.



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