Adolescencia, sexismo y violencia de género: Prevención en el ámbito educativo


TÍTULO: Adolescencia, sexismo y violencia de género: Prevención en el ámbito educativo

Sociología médica: artículo escrito por Alicia Esther Herrera Vega. Universidad de Las Palmas de Gran Canaria


El amor no lastima: Mural contra la violencia de género. Comunidad del Llanito (Dolores Hidalgo), Guanajuato, México. Autor: Juan Carlos Fonseca Mata, 7/02/2021. Fuente: commons.wikimedia. Licencia: CC-BY-SA-4.0

Introducción: Adolescencia, sexismo y violencia de género

La violencia de género es un grave problema que afecta a todos los países, a todas las clases sociales, culturas o edades. La humanidad es víctima de un sistema patriarcal que se nutre de actitudes, tópicos sexistas y frena la consecución de una igualdad real de oportunidades, la igualdad entre hombre y mujer. La magnitud de esta fenómeno evidencia la falta de respeto a los derechos fundamentales de las mujeres que lo sufren, violando no solo el derecho a la vida sino también el derecho a su dignidad y a su libertad (Xunta de Galicia, 2007; Inmujer, 2016; Injuve, 2019).

Son muchísimos las líneas de trabajo o aspectos que podrían ser tratados en este complejo tema, lo que requeriría un nivel de profundización y extensión del mismo que no procede en este informe. 

De esta manera, la finalidad de este trabajo es abordar el tema de la prevención en relación a la violencia de género en adolescentes, con especial atención a las actuaciones a desarrollar en el ámbito educativo, así como explicar la relevancia de la escuela como motor de equidad social y por tanto de herramienta para la erradicación del sexismo y la violencia de género.

Asimismo, el presente informe se centrará en la violencia de género en adolescentes, siendo la categoría adolescencia una variable fundamental, la cual, vamos a tener en cuenta para entender los procesos de violencia machista que se producen en el seno de las relaciones afectivas de los más jóvenes.


Justificación-Contextualización: adolescencia, juventud y violencia de género

Adolescencia y juventud son conceptos que responden a una construcción social, histórica y cultural que a través de los tiempos ha ido cambiando: “La juventud y la vejez no están dadas, sino que se construyen socialmente en la lucha entre jóvenes y viejos” (Bourdieu P., 2000:164).

El tratamiento de estos dos conceptos por las diferentes corrientes de pensamiento o por las diferentes disciplinas que los han abordado, pone de manifiesto la superposición e intercambio de características de una noción a la otra. 

Según La Organización Mundial de la Salud (OMS) el periodo adolescente va desde los 10 a los 19 años (con una fase inicial hasta los 14-15 y una segunda de los 15 a los 19) y la juventud comprende desde los 19 hasta los 24 años.

Uno de los aspectos centrales de la etapa juvenil es la formación o construcción de la identidad. Así pues, en esta etapa influyen determinados aspectos familiares, sociales e individuales, así como culturales e históricos. Además, en este periodo se produce el reconocimiento de sí mismo, forjándose la identidad individual, lo que conlleva a la identificación de género y roles sexuales (Injuve, 2019).

Esta construcción de identidad juvenil, esa necesidad de diferenciarse de los demás, de sentirse único, es un proceso común tanto de los adolescentes como de los jóvenes (Injuve, 2019).

A su vez, por la naturaleza del presente informe, es necesario la clarificación y definición de algunos términos claves en el desarrollo de este trabajo, tales como sexo/género, patriarcado y violencia de género.

En primer lugar, el sistema patriarcal o patriarcado es una forma de sociedad en la que el hombre y los valores masculinos heterosexuales tienen la supremacía por el mero hecho de serlo, y se relega a la mujer y a la esfera femenina (los ámbitos no heterosexuales en general) a un segundo plano subordinado (Álvaro Soler, 2020).

De esta manera, en el patriarcado: “El poder se constituye como patrimonio genérico de los varones y es repartido según un sistema de relaciones, una red de pactos que definen y están definidos por individuos que negocian la aprobación de espacios de poder” (Duart, Martí, Poveda, Quiñones, 1923:233).

Por otro lado, en cuanto a los conceptos de sexo/género, conviene reseñar que cuando se hace referencia a las características universales biológicas de los seres humanos con las que se nacen y que los definen como hombres o mujeres se está hablando de sexos. Sin embargo, el género es construido socialmente en cada cultura y período histórico, lo forman las ideas y creencias socioculturales en base a las diferencias biológicas de cada sexo. (José Alberto Gallardo López & Pedro Gallardo Vázquez, 2018)

Por otra parte, otro de los conceptos utilizados en el informe es la denominada perspectiva de género. Este punto de vista/enfoque busca fomentar la interrelación entre hombres y mujeres y los roles asignados a los mismos, una interrelación basada en la cooperación que potencia las diferentes oportunidades que tienen hombres y mujeres. (Inmujer, 2016)

Por último, si se hace referencia al concepto de violencia de género: La Declaración de la Eliminación de la violencia contra la mujer, aprobada en Resolución de la Asamblea general de Naciones Unidas 48/104, del 20 de diciembre de 1993, publicado el 23 de febrero de 1994 (ONU,1993) define en su artículo primero que

``la violencia contra la mujer es todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino, que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada´´.


Fuente: Amnistía Internacional


En esta imagen observamos una gráfica sobre las dimensiones de la violencia de género, en la que se refleja una parte visible para la sociedad (asesinato, agresión física…) y una invisible, pero no menos importante, que se corresponde con acciones no tan expuestas o visibles, en cuya base se sitúan los micromachismos, estrategias masculinas muy usadas de imposición de la opinión del hombre y que potencian el desarrollo de otras formas de violencia de género.


Desarrollo: contexto de la violencia de género en adolescentes

En este apartado se realizará una reflexión sobre el papel de las TICs (Tecnologías de la Información y el Conocimiento), los discursos de odio, la pornografía y demás retos que la sociedad digital presenta en la educación afectiva y sexual de los adolescentes, con el fin de prevenir la violencia de género en estas edades.

En primer lugar, cabe añadir que la adolescencia es una etapa de gran crecimiento, pero también es una época marcada por la vulnerabilidad y el riesgo, con una relevante influencia del contexto social. (Injuve, 2016).

Actualmente, las nuevas tecnologías juegan un papel fundamental en la socialización de los adolescentes, permiten una interacción continua de información, provocando cambios en la socialización de las personas, afectando más a los niños, niñas y jóvenes en el proceso de formación de su propia identidad. Las TICs han abierto un paradigma nuevo que se extiende a todas las instituciones y especialmente al ámbito de la educación. Hoy en día, los niños nacen y crecen con las TICs.  Así pues, las nuevas herramientas tecnológicas suponen grandes oportunidades y nuevos retos para las instituciones educativas. (Álvaro Soler, 2020)

Uno de los principales retos es la necesaria formación de los docentes en nuevas técnicas de enseñanza que optimicen estos recursos y orienten al alumnado al buen uso y manejo de la gran cantidad de información a la que tiene acceso. Así uno de las contiendas más graves a las que se enfrentan es al fenómeno del ciberacoso, problemática estrechamente relacionada con esta nueva forma de relacionarse y que requiere una prevención y/ o detección para frenar los serios problemas que acarrea (Álvaro Soler, 2020).

Fuente: Pixabay


El indiscutible poder de socialización de la escuela se encuentra con discursos de otros medios o instituciones, exaltados en las redes, con los que tiene que convivir y que no siempre son aliadosEn las redes sociales no sólo circula información académica/beneficiosa sino también discursos de odio. Es decir, argumentaciones que estigmatizan a través de estereotipos negativos y promulgan discursos negativos hacia colectivos que suelen sufrir algún tipo de discriminación (discurso machista y misógino, xenófobo, contra comunidad LGTBI…). (Álvaro Soler, 2020).

Estos discursos de odio están en auge en las redes y los jóvenes tienen acceso a ellos. Los mensajes de odio se mantienen tiempo indefinido en las redes, se hacen virales y se extienden con facilidad, germinando así la semilla de ideologías violentas que acaban perpetuando el rechazo y agresiones hacia otros colectivos. Consecuencias que no solo se quedan en el ámbito online sino que se trasladan al ámbito offline. (Álvaro Soler, 2020)

Son varios los tipos de discursos de odio en función de a quiénes van dirigidos, uno de ellos es el discurso de odio sexista (el cual está relacionado directamente con la violencia de género) que persigue la discriminación y sometimiento de la mujer volviéndola más vulnerable, silenciándola y coartando su libertad de movimiento y participación en la sociedad.

De esta forma, la educación, la formación y el conocimiento del alcance de este fenómeno son claves para conseguir una sensibilización y concienciación de los ciudadanos para que la sociedad pueda enfrentar este grave problema. (Álvaro Soler, 2020)

Asimismo, otro agente que determina e influye negativamente en las relaciones interpersonales de adolescentes y jóvenes es la pornografía distribuida por Internet. En ella impera generalmente el estereotipo sexual impuesto por el patriarcado, al no potenciar la sexualidad igualitaria y de carácter libre. Las nefastas repercusiones a largo o corto plazo de esto en los adolescentes son impredecibles (Sandra R.Pintor, 2019).

Como ya se ha recogido anteriormente, la adolescencia es una etapa biológica y social con enormes posibilidades de crear nuevos horizontes y también de grandes oportunidades, en cuyo desarrollo la sociedad en general tiene una gran responsabilidad y en especial, la educación como proceso crucial de la socialización (Injuve, 2016).

La escuela es, por tanto, una herramienta de igualdad social que debe fomentar la tolerancia y la convivencia, con un cometido fundamental en la formación integral de los adolescentes, que se centre no solo en una formación académica, sino en explotar el poder de la escuela para promover conductas de valores y relaciones sociales que contrarreste todas las consecuencias o efectos negativos de los riesgos expuestos anteriormente.  ``Hay que cambiar la educación para cambiar el mundo´´ (Naranjo, 2004).

De esta forma, como apunta la investigación llevada a cabo por la red de entidades no lucrativas: Jóvenes inclusión y apoyada por personas del Grupo de Investigación de Familia de la Universidad de Illes Balears. En el año 2018 se realizó una encuesta a 2457 jóvenes españoles, entre 16 y 29 años, hombres y mujeres de 7 Comunidades Autónomas, con diferentes perfiles en función de la orientación sexual e identidad de género y nivel de estudios. Dicha investigación arrojó las siguientes conclusiones (Sandra R.Pintor, 2019) :

      Se adelanta a los 8 años el consumo de pornografía (edad mínima), aunque se generaliza en torno a los 14 años, gracias a la familiaridad de jóvenes y adolescentes con el uso de pantallas e Internet.

      Se confirma que el consumo de la nueva pornografía es mayor en hombres que en mujeres, también en términos de tiempo. No obstante, señala que el público femenino se ha convertido en un nuevo nicho para el mercado de la denominada «industria del sexo».

      Existen diferencias de género, ya que tiene mayor impacto en los hombres que en las mujeres, tanto en la frecuencia de uso y efectos buscados (masturbación), como en las consecuencias en las relaciones interpersonales.

      Con la pornografía se refuerzan los roles de género, en los que, a pesar de la presencia de mujeres diferentes (en términos de raza, edad, físico, etc.), persiste su cosificación, a quienes, además, se utilizan básicamente como un medio para que los hombres encuentren placer.


Datos de la investigación sobre violencia de género en adolescentes

En este apartado se analizarán algunos datos recopilados en dicha investigación. Datos que evidencian la problemática de la violencia de género en adolescentes.

En primer lugar, hay que reseñar que la concepción entre los jóvenes de lo que es la violencia de género es dispar. Los datos sobre esta problemática son bastante preocupantes a pesar de las actuaciones que se han llevado a cabo por parte de las instituciones públicas para la erradicación de la misma. (Violencia de Género y Menores, manual para su detección y prevención, 2017).


Fuente: Violencia de Género y Menores, manual para su detección y prevención 2017

Como se aprecia en el cuadro (tabla 1), solo el 29,12 % de los encuestados conoce el significado de ``violencia de género´´, el resto, el 70´88%, tiene un falso concepto de esto (Violencia de Género y Menores, manual para su detección y prevención, 2017).

Tal y como se puede ver a continuación, se constata que hay un crecimiento de actitudes machistas entre adolescentes. De las 36.079 mujeres que sufrieron este tipo de violencia en 2016, el 2 % de las que pidieron orden de protección eran menores de edad. Estos datos son bastantes preocupantes teniendo en cuenta que podrían aumentar ya que, muchísimas veces las víctimas no denuncian por diferentes causas (vergüenza, miedo, no ser consciente ser víctima…) (Mujeres en igualdad, 2017).

Fuente: INE. Instituto Nacional de Estadística de España

En segundo lugar, una de las condiciones fundamentales para prevenir y afrontar la violencia de género es la detección de la misma. Además, se debe intentar desmitificar conductas que muchos jóvenes aceptan y valoran como normales por parte de sus parejas. 

Fuente: Violencia de Género y Menores, manual para su detección y prevención 2017

Tal y como se observa en la figura de la izquierda, hay un 56 % de chicas que consideran haber sido tratadas siempre con respeto. Sin embargo, de entre ellas, existe un porcentaje significativo que justifica algunas de las situaciones expuestas y las entiende como normales y no como maltrato (Violencia de Género y Menores, manual para su detección y prevención, 2017).

Asimismo, las dificultades propias de las adolescentes para tomar conciencia de que están siendo víctimas de violencia de género y pedir ayuda, son muchas:

En diversas ocasiones, enmarcan este problema sólo en los adultos, aunque este tema se trate en los centros educativos u otras instituciones públicas, a través de diferentes actividades o actos. A esto se le une el temor de la víctima a no ser creída, o a la tendencia a creer que todo está bajo control. 

Además, muchas veces las víctimas no denuncian por querer evitar problemas. Otros factores como la idealización de su pareja, el sentimiento de vergüenza y en muchos casos, el sentir que ella ha sido quien ha generado esa violencia (la mayoría de las veces inculcado este sentimiento de culpabilidad por el agresor) son otros de los motivos que apunta la investigación como decisivos para entender por qué las adolescentes no denuncian (Instituto Andaluz de la Mujer, 2018).

En tercer lugar, con el fin de luchar contra esta problemática, se puede encontrar un gran número de avances legislativos en los últimos años, los cuales, tienen la intención de generar un marco legislativo que proteja a las víctimas de la violencia de género: En España en 2004 se aprobó la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género (Ley Integral). En 2008 y cumpliendo con esta Ley Integral, se crea el” Plan Nacional de Sensibilización Prevención de la Violencia de Género”. Y en los años 2013-2016 se elabora la Estrategia Nacional para la Erradicación de la Violencia contra la mujer, que coordina la actuación de los poderes públicos para erradicarla, dirigida especialmente a la producida en relaciones de parejas o exparejas. Asimismo, en agosto de 2018 entra en vigor el Real Decreto-ley de medidas urgentes para el desarrollo del Pacto de Estado contra la Violencia de Género y en noviembre de 2020, un Real Decreto actualiza las transferencias reservadas a las entidades locales en Pacto de Estado, en esta materia.  (Boletín Oficial del Estado, 2020).


 Conclusión

La coeducación se presenta como una herramienta/concepto que abre el camino para una posible solución de la violencia de género, y en concreto de la violencia de género en adolescentes:

``La coeducación es un método educativo que parte del principio de igualdad entre los sexos y de la no discriminación por razón de sexo. Coeducar significa educar conjuntamente a niños y niñas en la idea de que hay distintas miradas y visiones del mundo, distintas experiencias y aportaciones hechas por mujeres y hombres que deben conformar la visión colectiva y sin la que no se puede interpretar y conocer la realidad´´ (Consejo Cormarcal El Bierzo,2005).

De esta manera, la actuación educativa se extiende más allá del contexto de la violencia escolar, con el propósito de conseguir la sensibilización de las relaciones de respeto e igualdad que deben ser el eje de toda actuación personal. Además, de fomentar el desarrollo del espíritu crítico que provoque conductas reactivas.

Así pues, las acciones desde el ámbito educativo deben destinarse tanto al alumnado como al profesorado. Ya que los profesores y profesoras deben contar con una preparación adecuada que le facilite el conocimiento de este fenómeno en toda su magnitud, así como con formación necesaria que le proporcione herramientas o estrategias para poder afrontar las problemáticas causadas por la violencia de género en los adolescentes y, por tanto, potencialmente en sus posibles alumnos y alumnas.

Por otro lado, el alumnado debe estar formado para entender y desarrollar una actitud crítica frente a la violencia de género. Además, debe existir una coalición entre familias y la escuela como agentes socializadores para hacer frente a esta problemática.

Por otra parte, tanto la escuela, la familia y los adolescentes, deben conocer los riesgos que el mal uso de los entornos virtuales supone y ser conscientes de la mayor vulnerabilidad de las chicas en estos medios.

En definitiva, el maltrato en adolescentes exige que éstos cuenten con toda la información posible sobre qué es la violencia de género, cómo actuar si son víctimas o testigos de ello y que conozcan los riesgos que supone una relación dominio-sumisión.

Para ello se han sucedido innumerables proyectos, programas centrados en la educación sin violencia, que plantean contenidos relacionados con el poder y el género, la sexualidad, etc. Como un ejemplo de proyecto llevado a cabo en una comunidad del estado español (en este caso la comunidad de las Islas Canarias).

En la actualidad, todos los centros educativos tienen la obligación de  elaborar un Plan de Igualdad, como línea de trabajo, siguiendo la normativa  del Gobierno de Canarias en coordinación con la Consejería de Educación, independientemente de que se hayan acogido o no  a  lo que antiguamente era conocido como la Red de Igualdad  que ahora se incluye en la Red Innova. Así pues, en este plan se garantiza una pedagogía la formación del profesorado y la acreditación del mismo como mediador y también como agentes zonales de igualdad.

Además, urge mayor control legal del acceso de menores a contenidos en el mundo digital que ponen en juego la salud mental y física de este colectivo, por lo que convendría una revisión de las leyes al respecto que den respuesta a esta problemática.

En conclusión, este fenómeno es un problema grave de salud con consecuencias tanto físicas como psíquicas en las víctimas. Es un desafío del siglo XXI acabar con este problema, por lo que se hace imprescindible la intervención y preparación adecuada de profesionales de la sanidad que se enfrentan a episodios de este tipo, para la detección, prevención y paralización de esta situación.  


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